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lunes, 11 de junio de 2018

Maestros de la escritura - Liliana Villanueva

De: http://www.edicionesgodot.com.ar/content/maestros-de-la-escritura#.Wx6neor0nIU


Maestros de la escritura - Liliana Villanueva

Precio: $400

Colección: Ensayo

Fecha de Publicación: 07.05.2018

Cantidad de Páginas: 272

Ilustraciones de: Juan Pablo Martínez

ISBN: 9789874086457

Formato: 15 cm x 23 cm

Descargá las primeras 20 páginas

SOBRE EL AUTOR:

Liliana Villanueva nació en Buenos Aires, vivió en Berlín, Moscú y Montevideo. Es doctora en arquitectura por la Universidad de Darmstadt y fue corresponsal de prensa en Rusia. Obtuvo el Premio Míkel Essery de crónicas de viajes (País Vasco, 2011) y en dos ocasiones el Premio Osvaldo Soriano de relato (La Plata, 2013 y 2016) por sus crónicas rusas, compiladas en el libro Sombras Rusas(Buenos Aires, 2017). Por su libro Las Clases de Hebe Uhart (Buenos Aires, 2015) recibió el Premio del Lector de la Fundación del Libro de Buenos Aires en 2015. Su libro Lloverá siempre. Las vidas de María Esther Gilio, (Montevideo, 2018) ganó el Premio Casa de las Américas de Cuba en 2017 en la categoría Literatura testimonial. Actualmente vive entre Buenos Aires y Berlín.

SOBRE EL LIBRO:

Si se intentara armar una historia de la escritura a partir de la influencia de los maestros en la literatura rioplatense la lista sería larga, pero son pocos los escritores creadores que dedicaron gran parte de su tiempo y de sus vidas a la enseñanza directa de la escritura a través de talleres. Abelardo Castillo, Liliana Heker, Hebe Uhart, María Esther Gilio, Mario Levrero, Alberto Laiseca, Alicia Steimberg y Leila Guerriero son los maestros y maestras que con sus talleres ya legendarios han hecho escuela, los que ayudaron a encontrar el rumbo a nuevas generaciones de escritores, cronistas y periodistas. A partir de innumerables entrevistas y de una investigación sobre el origen de los talleres, que surgieron a fines de los sesenta del siglo xx, se exponen en este libro los diferentes procesos de enseñanza de la escritura resumidos en ocho extensos capítulos. “Una y otra vez debo constatar la suerte que tuve de haber contado —no solo en la escritura— con maestros y maestras que me acompañaron en mis procesos de aprendizaje y supieron ‘soltarme’ en el momento preciso. No sabría decir cuánto de lo que soy les debo a ellos y a ellas”.

ÍNDICE:

  • Introducción: Aprender a escribir / 9
  • Maestros y alumnos / 10
  • El origen de los talleres de escritura / 12
  • Los talleres y la escritura / 15
  • Abelardo Castillo / 19
  • La invención de los talleres literarios / 19
  • La felicidad de la lectura / 20
  • Un invento argentino / 22
  • Reinventar la pasión / 25
  • El sentido de la corrección / 27
  • El mundo real / 30
  • Se escribe porque la felicidad no existe / 32
  • Aprender a escuchar / 35
  • La forma viene dada / 37
  • 16 Máximas de Abelardo Castillo / 42

sábado, 17 de junio de 2017

HIJA DE NADIE | ENTREVISTA A ADRIANA ROMANO


Luis Adrian Vives

junio 14, 2017

Literatura

Una historia de familia, el peso de algún secreto y el sueño que abre la puerta de los recuerdos.

Un sueño que nos habla de algún temor, de cierta debilidad, de una falta de seguridad o, tal vez, simplemente anuncia la muerte de alguien cercano.

Una mujer que vuelve del exilio a reencontrarse con la niña que fue, con el pasado familiar y con el suyo, enfrentando lo que queda del poder concentrado en ese padre que la odia, ahora y siempre. Ese hombre, que ha construido vínculos enfermos, que le arruinó la vida a su hermano menor, a su joven esposa y a esta hija forzada a abandonar el país en el debut de la dictadura, es un hombre que se ha dedicado a generar, sobre su entorno más íntimo, impotencia y miedo.

Ese padre, que la despreciaba, que siendo ella pequeña la trataba de “puta”; ese hombre que le tiraba su muñeca al agua podrida, que le decía mierdita, cagona ; que la angustiaba y la sometía mediante torturas psicológicas es, ahora, un viejo moribundo y asqueroso, un despojo humano que se empeña en seguir siendo una basura en la recta final del juego sucio que fue toda su vida.

Una criatura que a corta edad se encuentra prácticamente sola, con su madre muerta y aquel padre ausente; una niña internada pupila en un colegio de monjas; una adolescente que, al sentir cierta vergüenza de su propia historia, se encierra en el ostracismo.

Tiempo después, esta joven – ya estudiante universitaria- es sorprendida por la mala fe de su padre en una suerte de emboscada, cuyo escenario es la casa negada, la que ella tenía prohibido pisar.

En resumidas cuentas: la cena de la entrega, después la persecución; finalmente, la salida obligada.

Y un exilio más, el de Mariana.

Ella, instalada desde hace años en París, sacudida por aquel sueño que operó como un disparador, piensa que debería haber protestado y exigido. Reflexiona y se cuestiona, “…¿Por qué siempre aceptó las órdenes sin resistirse y aguantó los golpes? ¿Dónde estaba su derecho? ¿A quién quería agradar? ¿De qué sirvió el sometimiento si no ha conseguido siquiera agradarse a sí misma? Aún así presiente que en algún punto no consiguieron o no consiguió el padre someterla del todo y, aunque pagó duro el precio, hoy está donde está, lejos de casa, arrancada de cuajo y extranjera, porque no hizo caso, porque a medias y a los tumbos intentó la verdad. Por eso paga. La verdad, piensa Mariana. ¿Cuál verdad? ¿La verdad de leer a escondidas el libro prohibido y las cartas del tío Emilio durante años hasta sabérselas de memoria, como una manera de burlar al padre? ¿La verdad de los compañeros de estudio a la que adhirió, sospecha, más por oposición al padre que por convicción política? Verdades a medias, piensa Mariana. Porque la verdad, la única, es que esos lugares que eligió fueron sólo trincheras desde donde resistir. Pequeñas verdades que ocultaban otra más insufrible: La certeza del odio del padre hacia ella.”

El regreso de Mariana a La Milagrosa, la estancia de sus mayores, ocurre en medio de permanentes lluvias; la inundación parece inevitable. Ello coincide con el retorno del país a la democracia. Tal vez una metáfora que nos interpela, como el pasado, mientras el revés de la trama marca un paralelo entre el poder del estado en manos de los dictadores y el poder de un tirano socialmente ungido como jefe de familia.

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Si tomamos como punto de partida, de esta tragedia, el vínculo enfermo que sostuvo Ernesto con Emilio, veremos que el hermano mayor -el heredero– sólo ve en el menor la figura del usurpador.Ernesto a Emilio lo llamaba “el bastardo” -otra manera de deslegitimarlo en su calidad de hermano-, además, lo envidiaba, lo celaba y competía con él. Parecería ser que la raíz del mal se encuentra en una especie de inseguridad que afecta a Ernesto y lo condiciona.

La pregunta sería, entonces, si la inseguridad puede convertirnos en monstruos.

Podría ser una tesis. Los hombres se perciben indefensos frente a lo que no comprenden y la consecuencia de esa indefensión suele ser la inseguridad. Nos percibimos precarios e indefensos frente a la realidad, pero en el largo proceso de crecimiento interno cada hombre decide que hacer con eso. Habría que pensar entonces que si los monstruos son inseguros, su monstruosidad se origina en el temor a los otros. Ernesto es un hombre manejado por sus miedos, sin dudas, por eso es incapaz de gestionar vínculos, se apropia de los otros a los que percibe como objetos, no como otros. Desde ese lugar rompe la red familiar, porque necesita usarlos para sus fines. Si no lo hiciera así debería aprender a compartir. En realidad el monstruo inseguro puede ser dominante como Ernesto, o débil como Emilio. El cainismo es eso, construye víctimas y victimarios.

Las cartas. Las de Emilio, las de Francisco, las de Catalina, también las de Mariana.

Aquella costumbre de enviar cartas manuscritas quedó en el olvido. Hoy todo es más rápido, ¿pero es mejor?; ¿cómo nos estamos comunicando en la actualidad?

Hoy nos comunicamos con mayor velocidad. La inmediatez es más importante que la reflexión que propone la carta. No sé si es mejor. Es diferente. Nos estamos comunicando en red, estamos armando vínculos diferentes, más superficiales tal vez aunque más veloces. La carta es propia de un tiempo muy lineal y por lo tanto más lento.

¿Cómo se relaciona Mariana con la muerte, con la palabra y con la idea de “la muerte”?

Como puede. Se ha familiarizado con la pérdida desde la infancia. Después de la muerte de la madre y del tío Emilio queda frente a frente con el padre, y el paraíso protector cae. Aunque pasa tiempo en la ciudad, su vida está muy vinculada con el campo. La muerte en un contexto rural es siempre aceptada como parte de la vida. La tragedia de Mariana no se origina porque debe enfrentar la muerte sino porque su padre no la ama. Ese odio le impide la vida.

La novela trata temas tales como el machismo, la instigación al suicidio, la violencia familiar, la de género, la psicológica. Mariana, siendo niña, siente miedo, pánico frente a la figura paterna. Aquí, el hombre tiene en sus manos el bastón del dictador. Hablemos de ello, por favor, del lugar que ocupa el varón en este tipo de relaciones.

Ernesto y Raúl Acera resumen lo peor del hombre, son arquetípicos. Ejercen la dominación del territorio. Son predadores. Sin embargo frente a ellos, las figuras de Aurelio y Patricio muestran otra cara de la masculinidad.

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Esta historia, que en sí misma es un conflicto que podríamos mal llamar, de instancia privada, a su vez encaja en otro que sería, por así decirlo, de orden público. Las miserias familiares, por una parte, y las miserias políticas que dieron paso a la dictadura, y la sostuvieron. ¿Podríamos hablar de ello?

La familia es un fractal del tiempo social. En un contexto de violencia política, la familia de Mariana es el reflejo privado de un estado de consciencia pública.

La novela reconoce un revés de la trama que se deslizaría metafóricamente; me refiero a la inundación en la apertura democrática. De estar en lo cierto, me gustaría que nos hables de ello.

Sí, el agua arrasa, limpia y se lleva a buenos y a malos. De alguna manera la inundación anuncia un tránsito de depuración. Parecería querer decirnos que si la tierra se limpia y fertiliza después del agua, el mundo de los hombres también debe atravesar ese proceso. En el final de la novela, cuando baja el agua, queda claro que hacia adelante se abre un largo proceso de reconstrucción con otros códigos. La Milagrosa ha cambiado y empieza a ser otra, mejor, más coherente, otra gente la habita, todos la habitan. Parecería que el agua se ha llevado el pasado y hay un perfume a futuro en el presente, aunque todavía es muy precario. Todo está por hacerse y en ese punto habría que hablar de la responsabilidad que Mariana se anima a asumir.

¿Por qué Cinco Esquinas?

Porque así se llama ese rincón del barrio de Recoleta, en la intersección de las calles Libertad, Juncal y Avenida Quintana, en el que se levanta la casa donde vive Mariana con sus padres cuando no está en el campo, y porque esa zona suele ser el hábitat de la clase social de la que habla la novela.

De esta historia se desprende, aunque tangencialmente, otro tema, el de las convicciones políticas de una parte de la juventud -la militancia en los años ´70- y, también, en más de un pasaje aparecen con claridad acciones solidarias asumiendo riesgos. ¿Qué podés decirnos al respecto?

Los 70 fueron años violentos desde la izquierda y la derecha, En el contexto mundial de la guerra fría Latinoamérica fue su campo de experimentación. Muy marcada, además, por la Teología de la Liberación y la opción por los pobres de la Iglesia Católica en Puebla. En ese punto dentro de la misma Iglesia Católica se vivía esa fricción política. La juventud quedó en el medio de esas discusiones.

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La decadencia de aquellos amigos del poder que, una vez agotada la dictadura, quedaron desamparados, librados a su suerte. Me refiero a tipos como Raúl Acera. ¿Qué representa este personaje que, siendo “amigo” del malo de esta historia, se mete en ella haciendo lo que se le da la gana? Y ¿qué representa Samuel?; ¿Pasado y futuro?

Raúl Acera es un predador y como tal su ley es la ley. No hay posibilidad de fraternidad en ese personaje. No puede o no sabe otra cosa que dejarse arrastrar por su deseo y su odio. Es primario, lo rige la supervivencia por eso es brutal.

Samuel es el presente y en él está el pasado y el futuro, es su compendio. Somos la fusión de todas las distorsiones que hemos transitado y que hay que asumir y aceptar. El amor es eso, reconocernos y admitirnos tal cual somos, la luz y la sombra, la inocencia y la maldad en un mismo envase. En el está el desafío y la posibilidad de la reconstrucción.

¿Cómo encaraste y resolviste todo aquello que tiene que ver con el clima y la atmósfera en este caso?

Nací en una población rural de la pampa húmeda, por lo tanto mi contacto con la tierra, los animales y su gente, es cotidiano. Ése es mi contexto original. Yo misma soy gente de campo y quería escribir una novela rural, hablar de los dueños de la tierra y de los otros y de cómo ese contexto incidió hasta mediados del siglo XX en la escenografía política del país.

Decinos algo acerca del proceso de escritura; ¿cómo surge y toma cuerpo esta novela?

Un mediodía volví de mi primera clase de Tai Chi y apareció el comienzo de la historia. Fue asombrosa para mí esa experiencia. Volví a casa en un estado bastante especial. Recuerdo que después del almuerzo me acosté a dormir una siesta y soñé el sueño con el que se abre la novela. Era tan vívido que me senté a registrarlo. Unos días después abrí el documento y tuve el impulso de continuarlo porque supuse que ahí había un cuento (en ese tiempo yo escribía sólo cuento). Me detuve cuando había escrito 50 páginas. Para cuento ya era tarde. Se había despertado la novela.

Le pusiste música, eligiendo a Charly Parker. ¿Algo que agregar?

Sí. Que aunque elegí a Charly Parker para acompañar una escena, la del baile de Emilio y la madre de Mariana en la glorieta, personalmente a la hora de escribir lo hice escuchando las Gymnopédies de Erik Satie.

domingo, 24 de abril de 2016

Un tal Shakespeare, lector de Cervantes

Centenario. A cuatro siglos de la muerte de Shakespeare, Carlos Gamerro lo convierte en un personaje de ficción atrapante en “Cardenio”, su nueva novela.

Por Jorgelina Nuñez
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Estamos hechos de Shakespeare. Nuestra cultura hasta tal punto está modelada sobre las propuestas shakespeareanas que sin ellas no nos entenderíamos a nosotros mismos ni al mundo en que vivimos.” Esto dice Carlos Gamerro apenas se le pregunta por qué leer a Shakespeare hoy. Y enseguida da ejemplos de su afirmación. “El paradigma de amor romántico que Hollywood reproduce hasta el hartazgo lo inventa Shakespeare con Romeo y Julieta, antes de eso lo que se daba era el amor cortés. La narración cinematográfica tiene muchísimo que ver con Shakespeare. De hecho, la estructura de una obra de Shakespeare, con su sucesión de cambios de locaciones y el vértigo de escenas tiene más que ver con el cine que con el teatro. Por eso Shakespeare da muy bien en el cine. Además, su teatro tiene una flexibilidad que no tiene ningún otro en toda la historia. Se lo puede representar en Africa o en Asia con igual validez.” La pasión de Gamerro por la obra del inglés no es nueva. Ha traducido algunas de sus piezas teatrales, ha escrito ensayos y ha dictado y dicta cursos sobre su obra. Pero no se detiene allí. Acaba de sorprender a sus lectores con la publicación de Cardenio , una singularísima y divertida novela que tiene a William Shakespeare como a uno de sus protagonistas.

–¿De dónde sacaste la idea de la novela?

–A los veintitantos estaba leyendo por segunda vez Don Quijote para la facultad, y vi una nota al pie, en la edición de Martín de Riquer. Cuando llega a la historia de Cardenio y Luscinda, incluida en la primera parte del Quijote , Riquer decía que con este tema Shakespeare había escrito una obra hoy perdida que se llamó Cardenio . Fue ver eso y decirme “algo voy a hacer con esto algún día”.

–¿Y cómo es tu Cardenio?

–Es como una novela de Puig que transcurre en el siglo XVII: funciona por montaje de fragmentos, de escenas con diálogos, de cartas y poemas. Y, como en las novelas de Puig, tampoco hay narrador.

Para disipar la curiosidad del lector, digamos que la trama se sitúa en Londres, en la segunda década del 1600. La popular pareja de autores teatrales compuesta por John Fletcher y Francis Beaumont está a punto de romperse cuando el segundo decide irse de Londres para casarse con una rica heredera. No abandonará solamente la ciudad, también a su socio en la escritura y en el lecho, pues ambos comparten muchacha y casa. Urgido por sus compromisos teatrales, Fletcher le pide a un Shakespeare en su ocaso que lo ayude con la historia que tiene en mente y que no es otra que una versión de aquella que leyó en el Quijote .

–¿Cómo era el intercambio entre la literatura inglesa y la española?

–La circulación entre España e Inglaterra tenía una sola dirección: los ingleses leían mucho a los españoles, pero estos no leían nada de los ingleses. Tal vez por eso los ingleses les ganaron la guerra: conociendo al enemigo. Una digresión: en los 70, Estados Unidos y Europa leían lo que se escribía en Latinoamérica porque éramos un peligro revolucionario potencial, así como ahora se busca leer al Medio Oriente. Pero volviendo al siglo XVII, las referencias al Quijote son muchísimas en la época, sobre todo en la obra de Beaumont y Fletcher antes de Cardenio . Es bastante verosímil la posibilidad de que la obra de Cervantes le haya llegado a Shakespeare a través de Fletcher. Y es muy probable que Fletcher haya leído el Quijote en español. Thomas Shelton, un irlandés que vivía en España, tradujo la primera parte, que se publicó en 1612. En ese momento, Inglaterra producía todo tipo de géneros salvo novelas. Tampoco tenían una sólida escritura en prosa; eso les viene de España. Y mi Cardenio trata de eso: de cómo ellos leen la novela de Cervantes e intentan expresarla a través de los géneros que conocen, sobre todo la poesía y el teatro. La mía es una novela sobre la traducción de las lenguas y también sobre la apropiación de una cultura por parte de otra, algo propio del Renacimiento y el Barroco.

–Representar ese mundo te debió haber obligado a una serie de decisiones estéticas...

–La primera fue la del lenguaje. Mi punto de partida lingüístico fue la traducción de Shelton (que curiosamente no conseguí en Inglaterra, sino en la biblioteca cervantina de Azul). Mi idea era usar el español de Cervantes traducido al inglés jacobino, el de la época de Shakespeare. La primera versión de la novela la escribí en inglés. Y luego la reescribí en algo así como el español de Cervantes. Los sonetos de Shakespeare que aparecen en la novela los traduje yo mismo, tratando de que sonaran como los de Góngora o Quevedo. Fue un trabajo artesanal destinado a moverme con alguna soltura en ese mundo. Durante un tiempo viví de una manera rarísima: cargué las obras de Shakespeare en mi Ipod y las escuchaba todo el día. Luego hice lo mismo con el Quijote , para ver si ese lenguaje se me hacía familiar. La segunda decisión fue que no hubiera narrador y que el lector fuera el encargado de reponer los vacíos. Es la primera novela que escribo con personajes históricos, pero de los que se sabe muy poco. Sobre ellos yo tenía islotes fácticos comprobados, y luego imaginé algo compatible con esa información.

–En tu ficción, Shakespeare no es el personaje principal, va entrando de a poco y ganando espacio.

–El protagonista es Fletcher, el hombre que escribió con Shakespeare. Que Shakespeare fuera el personaje principal era mucho más obvio, más peligroso o pedante, si se quiere. Ese error ya lo cometió Anthony Burgess, en su novela Nothing like the sun –título de uno de los sonetos de Shakespeare–, que trata de meterse en la cabeza de Shakespeare y le sale muy mal. En cambio, charlar con él puede hacerlo cualquiera. Además me fascinó la idea de un escritor un poco comercial (Beaumont y Fletcher escribieron muchas obras juntos y eran bastante mediocres), colaborando con el más grande de todos.

–También es una novela sobre la amistad.

–De principio a fin. La historia cervantina de Cardenio también es una obra sobre la amistad y ni hablar de la de Don Quijote y Sancho. Cuando Beaumont rompe la sociedad para casarse con una rica heredera, Fletcher empieza a escribir con Shakespeare, pero lo hace un poco a su pesar. La amistad es un tema que, a diferencia del amor, no ha sido tan colonizado por el consumo.

–¿Fletcher era un autor mediocre?

–A nivel poético y dramático, sí. Pero en lo político, era moderno. Además pertenecía a la generación posterior a la de Shakespeare, con otra sensibilidad. Por otra parte, Beaumont y Fletcher representaban la nueva ola, estaban imponiendo una tendencia en el teatro, de la cual el propio Shakespeare no fue ajeno, sobre todo en sus últimos romances, como Sueño de una noche de verano o La tempestad . Ellos escribían para un teatro con capacidad para dos mil o tres mil personas y había que llenarlo y mantenerlo atractivo con nuevas obras. Y Shakespeare, que era un genio, también sabía adónde iba el mercado, un poco como Hitchcock.

–¿El teatro de Shakespeare era masivo?

–Completamente, iban a verlo todas las clases, incluso las analfabetas. Hay que tener en cuenta que la sociedad de esa época tampoco tenía otras distracciones o entretenimientos. ¿Qué podían ver? La corridas de un toro o un oso para que los perros lo destrozaran, y las ejecuciones. Si el teatro era tan violento era porque tenía que competir con esos espectáculos de sangre.

–Otro aspecto de tu novela tiene que ver con la profesionalización del escritor.

–Y con la liberación del mecenazgo y la protección de la nobleza. Los teatros eran empresas capitalistas: la plata salía de las entradas y por eso había que llenar el teatro. Las obras se representaban tres o cuatro veces y luego eran reemplazadas por otras nuevas. Creo que es por esa tradición que el teatro inglés todavía mantiene su vigor.

–¿Escribir en colaboración respondía a esa necesidad?

–¡Como los guionistas de ahora! Shakespeare y Ben Johnson son la excepción: escribían mayormente solos. Pero su compañía estaba conformada como un grupo de accionistas, entre los que estaba Shakespeare. Funcionaba de manera orgánica con un equipo de actores, en su propio teatro. Algo que les daba mucha libertad. Shakespeare escribía para sus actores, sabiendo quién iba a interpretar qué, conociendo sus fortalezas y sus debilidades.

En la conversación reaparece, como un ritornello , la extraordinaria vigencia del poeta inglés, sobre la que Gamerro ofrece un último ejemplo iluminador. “Llevado a nuestra época y a nuestros dramas –dice–, la figura de Hamlet es una piedra de toque para abordar el conflicto de los hijos de los desaparecidos. ¿No podríamos leer en el fantasma del padre que regresa para decirle a su hijo: vas a dedicar tu vida a mi memoria y a vengarme, una metáfora casi literal de nuestra tragedia? Si hay una nueva época, ella te obliga a hacer una relectura de Shakespeare; si no, no es una época nueva. Y con el Quijote pasa lo mismo. Son obras y autores que de ninguna manera te podés saltear.”

lunes, 4 de abril de 2016

Las cosas que perdimos en el fuego–Mariana Enriquez

Las cosas que perdimos en el fuego

Enriquez, Mariana

El mundo de Mariana Enriquez no tiene por qué ser el nuestro, y, sin embargo, lo termina siendo. Bastan pocas frases para pisarlo, respirarlo y no olvidarlo gracias a una viveza emocional insólita. Con la cotidianidad hecha pesadilla, el lector se despierta abatido, perturbado por historias e imágenes que jamás conseguirá sacarse de la cabeza. Las autodenominadas «mujeres ardientes», que protestan contra una forma extrema de violencia doméstica que se ha vuelto viral; una estudiante que se arranca las uñas y las pestañas, y otra que intenta ayudarla; los años de apagones dictados por el gobierno durante los cuales se intoxican tres amigas que lo serán hasta que la muerte las separe; el famoso asesino en serie llamado Petiso Orejudo, que sólo tenía nueve años; hikikomori, magia negra, los celos, el desamor, supersticiones rurales, edificios abandonados o encantados... En estos once cuentos el lector se ve obligado a olvidarse de sí mismo para seguir las peripecias e investigaciones de cuerpos que desaparecen o bien reaparecen en el momento menos esperado. Ya sea una trabajadora social, una policía o un guía turístico, los protagonistas luchan por apadrinar a seres socialmente invisibles, indagando así en el peso de la culpa, la compasión, la crueldad, las dificultades de la convivencia, y en un terror tan hondo como verosímil. Mariana Enriquez es una de las narradoras más valientes y sorprendentes del siglo XXI, no sólo de la nueva literatura argentina a cargo de escritores nacidos durante la dictadura sino de la literatura de cualquier país o lengua. Mariana Enriquez transforma géneros literarios en recursos narrativos, desde la novela negra hasta el realismo sucio, pasando por el terror, la crónica y el humor, y ahonda con dolor y belleza en las raíces, las llamas y las tinieblas de toda existencia.

«El terror, en los cuentos de Mariana Enriquez, se desliza como un jadeo de agua negra sobre baldosas al sol. Como algo imposible que, sin embargo, podría suceder» (Leila Guerriero).

«Su escritura es tan auténtica y perspicaz que consigue evocar una realidad más vívida que la que nos rodea. Todo ello, resultado de su destreza y meticulosidad. La prueba de que nos hallamos ante una escritora de primera clase» (Daniel Gumbiner, McSweeney’s).

miércoles, 23 de marzo de 2016

Cómo publicar el primer libro: manual de uso para dejar de ser inédito

El camino que lleva a los autores de ficción a su debut es arduo; siete consejos de agentes y editores, independientes y de grandes grupos, sobre qué hacer (y qué no)

Daniel Gigena

LA NACION

Miércoles 02 de marzo de 2016

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Guillermo Schavelzon, ex editor de Alfaguara y Planeta y actual agente de varios de los autores más importantes del país -entre ellos Claudia Piñeiro y Ricardo Piglia-, comenta que dejó inconcluso un libro que se iba a titular Cómo ser publicado. Allí quedó registrado someramente su modus operandi, que incluye llamados telefónicos o correos entusiastas con archivos adjuntos que detallan la obra en oferta, y también, más allá de la retórica de la persuasión de su oficio, el aviso de que el momento de contratación de un inédito es "un momento mágico".

A continuación, Schavelzon deja en claro que a la magia hay que darle una mano: "Creo que el escritor debe ocuparse de escribir; yo he visto a lo largo de varias décadas que una buena novela o un buen libro de no ficción, al que muchas veces nosotros mismos en la agencia no podemos prestar atención y decimos que no, termina publicándose. Esto no sucede sólo en la Argentina, sino en todo el mundo".

Sin tener en cuenta la edición de autor, la que el escritor paga de su propio bolsillo, y que tiene en el ambiente literario un injustificado halo de desprestigio, ¿cuáles son los consejos de editores de empresas transnacionales y de sellos locales independientes a los inéditos que quieren publicar su primer libro de ficción?

 

No creer que todo es publicable

"Antes de empezar a publicar, durante todos esos años que parecen interminables, pensamos muchas veces que vamos a ser inéditos toda la vida -señala Ariel Bermani, autor de Vagón y Leer y escribir, entre otros títulos, y editor en el sello Conejos-. Esa sensación tan común de que, si no publicás, no sos un escritor pesa. Pero, me parece, es importante no perder la calma. Saber que, para publicar, primero hay que escribir, que no todo lo que escribimos es publicable."

 

Corregir y corregir

Muchas veces los inéditos llegan a las editoriales con faltas de ortografía y errores de sintaxis que desalientan a los responsables de leer el material. "Hay infinitas razones para publicar (y no publicar) el primer libro de un autor: en primer lugar, le exigiría que no parezca un autor primerizo. En todo sentido, desde los aspectos formales hasta los ortográficos", dice Gabriela Massuh, responsable del sello Mardulce por varios años. "La corrección de un libro puede llevar meses, incluso años -agrega Bermani-. Corregir hasta encontrarle la vuelta al material, en esa tensión amable y de pura creatividad que se establece entre el autor, sus amigos, el editor y todos los libros que leímos y los que vamos a leer."

 

Informarse antes de hacer envíos

"Los comentarios más habituales de los escritores que no consiguen agente o editor (los blogs están llenos de esas quejas) muestran que han hecho envíos sin ton ni son. Hay un trabajo previo que hacer." Desliz grotesco en tiempos de abundante información en páginas de Internet, redes sociales y, como señala Schavelzon, librerías con personal calificado. Glenda Vieites y Julieta Obedman, editoras de Penguin Random House, sugieren posibles vías de llegada a las editoriales: "Recomendaciones de otros autores, conocimiento del propio editor de voces que comienzan a destacarse en talleres o editoriales pequeñas e independientes... Si uno participa del mundo literario, también sirve el contacto con otros autores, con editores, periodistas culturales, talleres literarios".

 

Tener paciencia y perseverancia

Son dos virtudes modestas, pero valiosas a la hora de iniciar una carrera literaria. "Un escritor o una escritora novel tiene que armarse de paciencia porque publicar no es fácil. Pero está claro que tampoco es imposible -dice Mercedes Güiraldes, de Emecé, que edita a Pedro Mairal-. Le conviene empezar por mostrar su trabajo en las editoriales más chicas, que están a la caza de nuevos talentos y, a la vez, no acceden fácilmente a los autores consagrados, en general reservados a las editoriales grandes. Así se da un cierto equilibrio bastante natural."

 

Participar en concursos

"Los concursos literarios en todo el mundo de habla hispana son otra opción valiosa a la hora de publicar una primera obra -dice Güiraldes-. Autores de prestigio han surgido de concursos y hoy, Internet mediante, es mucho más fácil que antes acceder a ellos." En esto coinciden sus colegas de Penguin Random House cuando mencionan los premios de novela Clarín y Alfaguara.

 

Mostrar calidad e interés

¿Qué debe poseer un inédito para captar la atención de los editores? Glenda Vieites, que editó a Pola Oloixarac, y Julieta Obedman responden: "Que nos parezca que merece ser publicado. Se evalúa el valor literario, el interés que puede despertar en los lectores, que sea un autor que tiene algo novedoso para entregar en la literatura local y, sobre todo, que tengamos ganas de seguir leyendo futuras obras".

 

Dialogar con la época

"Quiero que ese libro signifique una ruptura: de su generación, de sus maestros, de los escritores que admira. No quiero ver rastros literarios evidentes en su prosa, ni diálogos con sus coetáneos, ni parodias de obras clásicas. Quiero que salga de la literatura y sus mundillos", opina Massuh. "Quiero que dialogue con su época, que comulgue con ella, que la critique, que le demuestre su malestar y me ayude a mí a entenderla."

sábado, 20 de junio de 2015

A novel oasis: why Argentina is the bookshop capital of the world

[De: http://www.theguardian.com/world/2015/jun/19/argentina-books-bookstores-reading]

A novel oasis: why Argentina is the bookshop capital of the world

Buenos Aires alone has more bookstores per person than any other city in the world – just enough for inquisitive Argentinians to indulge their literary cravings

 

el ateneo argentina

El Ateneo Grand Splendid mega bookstore in Buenos Aires is an old theatre converted into a modern bookshop.

Their country has endured military dictatorship, economic collapse and a particularly vituperative brand of politics, so perhaps it is not surprising that Argentinians should still find solace in the oldest of pleasures: curling up with a good book.

The country’s capital Buenos Aires has more bookshops per inhabitant than any other city in the world, according to a recent study by the World Cities Culture Forum.

With a population of around 2.8 million, Buenos Aires has at least 734 bookstores – roughly 25 bookshops for every 100,000 inhabitants. Worldwide, only Hong Kong comes close, with 22 bookshops per 100,000, followed by Madrid in a distant third with just 16 and compared to a mere 10 bookshops for every 100,000 for London.

Gabriela Adamo, who until recently was the president of the city’s annual book fair – an event which draws over 1 million visitors each year – says Argentina’s love affair with the book is related to the wave of mass immigration in the late 19th and early 20th centuries.

A century ago, Buenos Aires was the shining capital of one of the wealthiest countries of the world. European immigrants poured into Buenos Aires, creating a multicultural environment in which culture and the arts thrived.

At one stage Buenos Aires boasted two English-language newspapers, various German-language papers (including at one stage a pro-Nazi paper, an anti-Nazi one and a Jewish newspaper) along with a plethora of Spanish-language newspapers, magazines and literary and arts publications. “The book as an object became a cultural symbol back then. It’s something that persists today,” said Adamo.

But contemporary economics also plays a role: books are exempt from Argentina’s standard sales tax – a whopping 21% on most goods – and internet sales and electronic book readers have yet to make inroads on the local publishing market.

Amazon does not have an Argentinian site and import restrictions make it a bureaucratic nightmare to purchase books from international internet sellers.

“Argentinians still prefer to come in and browse for books,” said Antonio Dalto, business manager of the Ateneo Grand Splendid bookshop. “We have a websitefor selling books, but it only draws a small percentage of readers. As a matter of fact, they seem to use it more to select titles online, but then they come to buy the actual book here at the shop.”

El Ateneo in Buenos Aires

El Ateneo in Buenos Aires

That is perhaps unsurprising, considering the grandeur of the shop’s setting: opened as a theatre in 1919 and converted into a giant bookstore 15 years ago, the Grand Splendid still boasts the beautiful ceiling frescoes painted by an Italian artist almost a century ago. Around 1 million customers visit it each year to browse through its gargantuan 21,000 square feet showroom, or withdraw into one of the old theatre boxes perched for a leisurely read.

“Culture is very important to the people of Buenos Aires. Even young kids read books, we see them here every day. Books for teenagers are one of our biggest sellers,” said Dalto.
Publishers and booksellers say that the city’s book market is distinctly catholic in taste, immune to fads or fashion. “There’s a very particular kind of reader here, with wide and varied demand,” said Adamo.

Argentina is one of the most prolific book publishers in Latin America, and the number of titles published has grown steadily each year, from 16,092 in 2004 to 28,010 last year. The total number of books printed in 2014 was 123m.

Publishing experts have also linked the country’s love for reading to its obsession with psychoanalysis: Argentina has more psychologists per inhabitant than any other country in the world, and according to Virginia Ungar, a member of the Buenos Aires Psychoanalytical Association, the habitual introspection of therapy makes Argentinians ideal readers.

“Psychoanalysis, reading and the arts in general are all linked because they are all an inquiry into the depths of personality. Both literature and psychoanalysis work with the word,” said Ungar, who is president-elect of the International Psychoanalytical Association founded by Sigmund Freud in 1910.

It is not only the market for new books which is thriving: Buenos Aires also has a total of 102 rare and secondhand bookshops, far outranking London with only 68 or Berlin, with only six, and only third in terms of secondhand bookshops per inhabitant after Johannesburg and Tokyo, most of them congregated along Avenida Corrientes.

bookshops books Argentina

A man reads in a book shop in Plaza Dorrego, San Telmo, Buenos Aires

The city’s unusual hours – people often meet for dinner at 11pm, and shops stay open until after midnight – also play a role, said Ignacio Iraola, general manager of the Argentinian branch of the Spanish publishing behemoth Planeta.

“Buenos Aires is a city that wakes up late and the day stretches out into the early hours,” he said. “Avenida Corrientes is like a long, open bookshop that never sleeps.”

Away from the city centre, local bookshops also thrive. Tucked away in the bohemian neighbourhood of Villa Crespo is La Internacional Argentina, an independent store which specialises in first editions of Latin American authors.

On a recent evening, its owners Francisco Garamona and Nicolás Moguilevsky, both thirtysomething, were ending the day with some bottles of red Argentinian wine in the back room where they run Mansalva, a speciality press that publishes many first-time novelists and poets, as well as art books by Argentinian painters.

“If this was a job we would have got bored by now and quit – our existence is a miracle,” says Garamona. Although the bookshop and Mansalva press barely scrape by, they have been in business for 15 years now, a testament to the unquenchable thirst of the city for books.

“We hold a fair every two months on a Saturday on the sidewalk here,” says Moguilevsky. “It’s really surprising, sometimes up to 500 people come, many of them young kids. And they usually walk away with two or three books that they get here for the price they would pay for just one at one of the big bookshops downtown.”

viernes, 27 de marzo de 2015

Sitios para descargar libros gratis y en forma legal

Bibliotecas virtuales que ofrecen obras con derechos caducados, iniciativas de divulgación y recopilaciones que se valen de las licencias abiertas, con espacio para autores inéditos y también consagrados; son una opción para encontrar literatura digital

Por Uriel Bederman | Para LA NACION

En contramarcha a un estudio divulgado recientemente en The Washington Post, el cual sorpresivamente reveló que muchosnativos digitales prefieren los libros físicos antes que sus versiones electrónicas, la lectura en e-readers y tabletas ha crecido en forma exponencial durante la última década. Los usuarios de teléfonos inteligentes también participan en este movimiento, gracias a la llegada de smartphones con pantallas que ya superan las 5 pulgadas y se postulan como dignas plataformas para la lectura.

En México, funcionarios de cultura decidieron agregar la lectura digital como variable en una encuesta que se realizará este año entre los lectores, con el fin de aplicar una perspectiva más ajustada a los tiempos que corren. Encuestas anteriores se mantuvieron en un mismo promedio (2.9 libros al año por persona); según los responsables de la estadística, el nulo crecimiento se explica por no haber evaluado que las tecnologías digitales han perforado directamente en médula de los lectores.

GRATIS Y TAMBIÉN LEGAL

Que un contenido se gratis no es necesariamente sinónimo de piratería. Los amantes del cuento, la novela y la poesía pueden dar con un buen número de bibliotecas virtuales que ofrecen volúmenes que aunque son gratis no vulneran su copyright.

Proyecto Gutenberg es un ejemplo clásico. Creada en la década del '70, esta plataforma ostenta un amplio catálogo de libros para descargar (más de 45 mil), disponibles en diversos formatos, EPUB, Kidle, HTML, texto plano, etc. Las obras son de dominio público, por autorización de los autores o por derechos que caducaron. Si bien la mayor parte de los libros está en inglés, el certero buscador del sitio arroja unos cientos de resultados en español; el Martín Fierro de José Hernández entre ellos.

Los libros digitales, en general disponibles como ePub o PDF, sirven para leer en tabletas, teléfonos y lectores tipo Kindle. 

Otra fuente es Wikisource, una iniciativa impulsada por la misma fundación que está detrás de la célebre enciclopedia online Wikipedia. También ofrece textos con derecho de copia libre, con cosas poco conocidas y otras más populares, con clásicos de la literatura argentina como Cuentos de amor, de locura y de muerte de Horacio Quiroga, El hombre mediocre de José Ingenieros, y los cuentos de Fray Mocho, entre otras. También la Biblioteca Virtual Cervantes tiene muchísimo material disponible de autores españoles e hispanoamericanos.

El Colectivo, una editorial con sede en Buenos Aires, afirma que los volúmenes de su catálogo son "libros libres" en la creencia que "el conocimiento debe poder circular y compartirse como patrimonio cultural de los pueblos". En su sitio web es posible acceder al catálogo que incluye ensayos, narrativa y poesía, entre otros géneros, e ir sin intermediarios a una versión gratis de cada una de las obras en formato PDF, y publicada bajo licencia Creative Commons (permite la libre distribución y uso no comercial, sin dejar de mencionar la fuente). Otras editoriales como Traficantes de Sueños y Bubok emprenden estrategias similares (y también tienen libros con precio de tapa).

Bajo esta misma modalidad funciona ManyBooks.net, con una librería de casi 30 mil títulos (unos 250 títulos en español) y formatos compatibles con Kindle, Nook y iPad, entre otros lectores. El sitio agrega recomendaciones y reseñas escritas por los visitantes.

En Libroteca.net también ofrecen libros en español, lo mismo que que The Internet Archive en su apartado de textos, LibroDot, Ganso y Pulpo y Libroteca son otros espacios en los cuales es posible dar con libros gratuitos y de descarga legal, en un terreno en el que también se anotan las grandes compañías. Con algo de destreza en la búsqueda, también es posible dar con obras sin costo en Amazon, Play Books y iTunes. De hecho, Hundred ceros monitorea los títulos gratis en Amazon. En El Club del ebook también hay una lista de alternativas para descargar libros sin cargo.

¿Y si buscamos títulos tradicionales (y pagos) pero en versión electrónica? Varias de las librerías locales ofrecen la opción de comprar un ebook, lo mismo que las tiendas de Amazon, Apple o Google; en esta nota listamos algunas de las alternativas disponibles en la Argentina..

[De: http://www.lanacion.com.ar/1777841-sitios-para-descargar-libros-gratis-y-en-forma-legal]

miércoles, 2 de julio de 2014

Biblioteca Digital de la Ciudad

Podés bajar gratis libros de la Biblioteca Digital de la Ciudad. Hay novelas, ensayos y poesía, desde Martin Fierro de José Hernández, hasta "El duelo", de Conrad. Historias imperdibles de Stevenson, Oscar Wilde, Julio Verne, y textos universales como "La república" de Platón o "Discurso del Método" de Descartes.

Biblioteca Digital de la Ciudad

miércoles, 21 de mayo de 2014

Kryptonita–Leonardo Oyola

 

 

Punto

martes, 29 de abril de 2014

Se publica Yo te Cuento Buenos Aires IV

 
TapaLegis
La Antología de Yo te Cuento Buenos Aires IV, correspondiente a la edición 2013 del concurso que organiza la Legislatura porteña, ya se encuentra publicada y se distribuye gratuitamente en el stand que el cuerpo parlamentario tiene en la Feria del Libro de Buenos Aires. >>> DESCARGAR VERSIÓN DIGITAL >>>
Esta antología está compuesta por las obras de 28 autores inéditos que resultaron ganadores del la IV Edición del concurso, correspondiente a 2013. En las tres primeras ediciones se publicaron los 26 cuentos ganadores, pero la paridad y calidad de los trabajos hizo que en 2013 fueran 28 los seleccionados. Entre ellos hay un escritor residente en Méjico y otro en Alemania. Los finalistas surgieron a partir de los 40 preseleccionados por el jurado de entre los 450 escritores que presentaron sus obras. Participaron escritores residentes en Argentina, Brasil, Alemania, Méjico e Israel.
El concurso en 2014
La presente edición del Concurso Yo te Cuento Buenos Aires tiene abierta la inscripción hasta el lunes 26 de mayo. en las Bases del concurso se indica que podrán participar escritores inéditos mayores de 16 años, argentinos o extranjeros, que los cuentos de tema libre, escritos en español, que deben ser originales e inéditos, no premiados anteriormente ni presentados simultáneamente en ningún otro concurso, que cada escritor podrá participar con una obra y firmar con seudónimo.>>> VER MÁS INFORMACIÓN >>>

GANADORES YO TE CUENTO BUENOS AIRES iv - EDICIÓN 2013
CUENTOS
AUTORES
Kitty y el anillo de plata
Alfredo Longobardi
Última cena
Camila Belén Rodríguez
Arañar los cielos
Silvia Inés Segat
Tabaco gastado
Soledad Venier
Puesta en escena
Andrés Emilio Barcia
Amor pasajero
Joaquín Lucuix
La última hazaña de Cheo Yong
Roberto Omar Tassara
Así es como se vuelve loca la gente
Ianina Trigo
La gran radiación
Néstor Ángel Ravazza
El temblor
Marina Vinitsky
Escaleno
Antonio Castaño
La soga de Gonzalo
Claudio Alberto Sosa
Las cuatro estaciones
Carlos Alberto Gianera
Motín del tiempo
Alberto Zimmermann
Llorándonos
Tomás Vaneskeheian
Las luces del fin del mundo
María Lorena Baqués
Zulema Larrea
Pablo Goldstein
Nada
Guillermo Fernando Rossini
El muerto muerto
Jorge Francisco Lence
Postal encarnada
Karina Puente
La vieja de los caramelos
Flavia Lorena Canoura
Duelo en el pasaje
Agustín Bernardo Bonaveri
Círculo
Laura Cecilia Spiner
El gen enfermo
Elizabeth Ivone Moscoso Klappstein
Sobre las vías del tren
Sabrina Cosentino
Un sueño judío
Raúl Alberto López
Visita guiada
Julieta Sánchez
Otro tequila
Guadalupe Navarro

































jueves, 27 de febrero de 2014

Dos textos inéditos de Cortázar

Lo fantástico y lo real en la literatura latinoamericana de nuestros días

Lo fantástico y lo real en la literatura latinoamericana de nuestros días

Pienso que ustedes saben que los juegos combinados del azar y de la genética me hicieron nacer en Bélgica, aquí mismo en Bruselas y más precisamente en Ixelles, un día de agosto de triste memoria en que los ejércitos del Kaiser aplastaban la resistencia del ejército belga y se apoderaban del país sin que yo naturalmente tuviera idea de lo que sucedía en torno de mí. Me emociona recordarlo esta noche porque si bien la noción de patria en su sentido más usual me es bastante ajena, en cambio me creo profundamente sensible a la noción de país como depositario, creador y continuador de una idiosincrasia y una cultura propias, y mi oficio de escritor le debe mucho a una Bélgica en la que ciertos aspectos de su literatura y de sus artes responden a mi vocación natural, que es la de lo fantástico como exploración de la realidad, no para escapar de ésta sino para avanzar en el conocimiento de sus posibles parámetros, para enriquecerla como la cultura belga la ha enriquecido, transgrediéndola y forzándola desde tanta pintura, tanta poesía y tanta narrativa. Yo era muy joven cuando conocí la obra de un Magritte, cuando entré en el mundo demoníaco de Ghelderode, leí a los surrealistas de este país y me asomé al mundo obsesionado de Paul Delvaux, para no citar más que a unas pocas figuras de proa. Y eso, allá en mi Buenos Aires tan remoto respecto de Bélgica, no hizo más que confirmarme en la seguridad de que las cosas suelen no ser lo que parecen, y ayudarme a buscar mi camino propio bajo la luz de esos fanales que me acompañaron siempre.
Texto inédito e inconcluso de la charla que Cortázar debía dar en Bruselas a finales de 1983 y no pudo celebrarse
Antepasados
Ayer vi desde lejos a dos antepasados. Iban a poca distancia uno de otro, con las palpas rozando el suelo, y cuando entre las fibras se les enredaba alguna colilla, se sacudían bruscamente y parecían consultarse furtivamente antes de reanudar la marcha.
En estos tiempos he visto muchos antepasados en la ciudad. La gente no los mira, quizá porque no se dé cuenta de que son antepasados. En el café de Bob hay siempre uno al caer la noche; bebe un vasito de mirabelle y antes de pagar lame el fondo del vaso y lo pone boca abajo sobre el mostrador. Pero los peores son los que compran carne; ésos me dan asco y quisiera intervenir o decirles algo, porque entran en parejas en la carnicería del pasaje Stürtz y toquetean largamente la nalga, el peceto, la falda, el vacío, la chiquizuela, las achuras y hasta el montoncito de huesos con carne que hay siempre en un canasto de mimbre y que sólo los perros esperan. Cuando al final compran algo se tiene la impresión de que no les importa, que es para disimular; en realidad han ido a manosear la carne, a darla vuelta, a consultarse con guiños y codazos.
No me gusta verlos en ninguna parte, quisiera que los echaran, pero nadie parece darse cuenta. Yo sí, cada vez, quizá porque soy también un antepasado y tengo las palpas llenas de escupidas y papeles sucios que se me pegan en la calle. (Texto inédito)

Cortazar de la a A la Z
Aurora Bernárdez y Carles Alvarez Garriga (Ed.)
Alfaguara
320 págs.

ar$ 250 (al 07/02/14)

Museo de la vida eterna

Aniversario. En el comienzo del “Año Cortázar”, donde se recordarán los 30 años de su muerte y el centenario de su nacimiento, se publica un álbum biográfico que recorre una vida signada por la literatura.

POR JULIO ORTEGA

Cicilismo metafísico. Bajo la mirada de Carol Dunlop detrás de la cámera, Julio Cortázar posa en bicicleta en La Habana (Cuba) en 1980.

Cicilismo metafísico. Bajo la mirada de Carol Dunlop detrás de la cámera, Julio Cortázar posa en bicicleta en La Habana (Cuba) en 1980.

Todo indica que la obra inédita de Julio Cortázar es más vasta que su obra publicada, parte de la cual él dejó preparada para su edición; pero hay otra que todavía sigue siendo recuperada,  Aurora Bernárdez, su viuda y albacea, ha venido descubriendo las cajas chinas de un taller que, sin prisa y sin pausa, ocupaban otros pisos de su trabajo, tan casual como puntual.  Si Borges, por su lado, parece haber decidido anotar todos los libros de la Biblioteca Nacional para dejar una huella deliberada de su lectura; si Bioy Casares, por el suyo, editó su vasto Diario literal como una loza capaz de culminar su parricidio de Borges; Cortázar, en cambio, parece haber escrito en los varios pisos de su torre de Piranesi. Sólo que, asombrosamente, con la gratuidad fervorosa que define su relación con la escritura, no parece haber escrito para publicar otro libro pero tampoco para que nadie lea esos papeles. Hizo muy bien Aurora en llamar a la primera compilación de esos escritos Papeles inesperados . El titulo tiene la inmediata precisión suya, ese ligero sobresalto de estirpe cortazariana: anuncia que esos textos son papeles sueltos pero que su publicación es impuesta por los mismos. No se los podría haber llamado “Libro inesperado”, porque eso son la mayoría de los que se publican. Quizá César Aira podría haber escrito una brevísima novela sobre este Narrador que se imagina como Lector de su obra para ser su Personaje y poder escribirla.

Mi hipótesis, en efecto, es que la literatura de Julio Cortázar no es causal, pero tampoco casual. Tiene otra lógica de producción: no conoce principio ni final, es un acto completo, no un proceso. Es, en fin, un evento: no tiene linaje (autoridad) y no propone ni demanda (des-autorizada). Aurora Bernárdez me ha explicado que Julio dejó inéditos algunos libros que ella ha ido publicando porque entendió que no eran borradores (o sea, documentos de su obra en proceso) sino libros que él no había logrado publicar.  Recuerdo bien los dilemas de Galaxia-Gutemberg con la edición de las Obras reunidas de Cortázar. Fuera de dos tomos de Novelas y uno de Cuentos, ¿cómo ordenar ese material que resiste los imperativos de la clasificación editorial? La biografía de Keats, por ejemplo, es una caja de papeles sueltos, todo hecho a mano, y está en la biblioteca de raros de Harvard.  Es imposible imprimirlo, salvo como “libro de arte”, pero eso pertenecería ya al museo, mientras que este objeto, “ejemplar único,” es una suerte de libre animal de la escritura.  ¿Quién hubiera imaginado que su correspondencia ocuparía cinco tomos? Cada carta es más que una carta: es casi un diario, una biografía de la escritura y postula una tribu de interlocutores.  ¿Bastaría llamar miscelánea a los dos escenarios de escritura que organizó?

La vuelta al día en ochenta mundos y Ultimo round son gabinetes de la escritura, hechos de partidas y arribos, si bien el trayecto es el libro mismo, el primer mapa de un territorio imaginario. Una vez le pregunté a Julio Silva qué hicieron con la muñeca que desmembraron para fotografiar. La tiramos a un contenedor de basura, respondió, pero a poco Cortázar le dijo: “No podemos dejarla allí.” Y volvieron y la recuperaron. Ya no era una muñeca rota: era su relato.

El libro de dos autores
Mi primera conversación con Cortázar, en 1972, anticipaba estas notas. Me sorprendió la gravedad con que me asignaba tareas en la revista Libre , que él y Juan Goytisolo iban a dirigir en París. En esa época sus lectores se dividían en dos tribus distintas y ajenas: una prefería los cuentos, otra Rayuela . Cortázar estaba intrigado por la enemistad entre ambas tribus, y le gustó mi idea de que Rayuela no era una novela sino muchas. Pero había una que era la novela de Morelli. Yo quería reunir las Morellianas más otros textos suyos sobre el cuento en un tomito pretencioso, que fuese el manual secreto de la narrativa por venir. Julio, todo sea dicho, se entusiasmaba con esta clase de juegos de variables y variaciones; y sorprendentemente me dijo: Pero esa casilla de Morelli es tuya, es un libro del que eres autor, tendrás que firmarlo. ¡Pero, Julio, le dije, decepcionándolo, cómo voy a firmar un libro que tú has escrito! Me miró en silencio, y replicó: Entonces lo firmamos los dos.

Estábamos, claro, en Barcelona, donde la conversación era dominada por estos temas. Y Beatriz de Moura, a quien he llamado nuestra musa editorial, porque todos queríamos publicar con ella, nos invitó a cenar para hablar del librito en cuestión. De pronto, Beatriz nos dijo: Tenemos que hablar del contrato y de los derechos de autor. Los dos Julios se miraron en silencio, demudados. Eramos, claro, incapaces de hablar de dinero. Rápidamente me excusé: El autor es Julio, protesté. No, exclamó Julio, mi tocayo es el autor, yo sólo lo he escrito. (Evito las comillas para no presumir de exactitud y evitar ser citado). Beatriz, como siempre, nos llamó al orden: dividiremos los derechos, dijo. Diez años después, estando yo de profesor en la Universidad de Texas, en Austin, fui responsable de la adquisición de los manuscritos de Cortázar. Preparé allí la edición de Rayuela para la colección Archivos de París (coeditada con Saúl Yurkievich). Encontré que Cortázar había ensayado ocho ordenamientos distintos de los fragmentos: según los personajes, en números arábigos y romanos, a partir de colores... Buscaba organizar una novela que llamó “Mandala” Hasta que entendió que la novela era otra: un todo ya escrito, y que había que restar cada fragmento de esa suma para que la remisión sea su principio combinatorio; y esa resta cuajó en la metáfora de la Rayuela : en la hipótesis del juego y la libertad delHomo ludens . Mi signo es buscar, escribe Cortázar. Picasso, en cambio, dijo, como una amenaza: Yo no busco, encuentro. Es más nuestro el signo de la intimidad.

La obra visible y la invisible
Por lo demás, este centenario de Julio Cortázar bien podría demostrar que su obra “visible” se hace más joven gracias a su obra “invisible” (o inesperada). Convoca su lectura a una complicidad en la excepción: leer, nos dice, es leernos; dialogar en la intimidad de la inteligencia mutua con ironía y empatía. Esta es una operación delicada, de aprendizaje y atención, que hay que saber compartir; si bien siempre incluye su “tablero de instrucciones” para reencontrarnos en sus páginas. Pero no es prudente llamar a Cortázar “gran cronopio,” lo que lo convierte en un personaje de Astérix. Y tampoco es necesario ir a París para arrojar al Sena un paraguas roto. El hecho es que los jóvenes que lo leen por primera vez descubren que su lectura abre un espacio nuevo, un horizonte hospitalario, donde el juego es una forma de la inteligencia y el lenguaje la materia del mundo.

El taller de Cortázar
El Diario de Andrés Fava (Alfaguara, 1995) es característico: Andrés Fava es protagonista de la novela El examen (escrita en l950 y publicada en l986) y su Diario pudo haber sido una parte de ese libro. Sin embargo, advierte Aurora Bernárdez, “quedó excluido del corpus de la novela” y fue conservado por el autor como un libro independiente y futuro. Tiene, así, el carácter no menos interesante de documentar el taller de Julio Cortázar. Fue escrito también en l950, y transparenta la proximidad del narrador, sus lecturas, proyectos, y en un párrafo (página 105) adelanta lo que será “Continuidad de los parques”. El Diario es un llamado a la fábula, al delicado y audaz trabajo de escribirlo todo de nuevo.

De allí que el libro empiece con la autoironía: “Diario de vida, vida de diario. Pobre alma, acabarás hablando journalese . Ya lo hacés a ratos.” El habla coloquial establece las distancias frente a la tradición sobreescrita del diario; mientras que “un tanguito alentador” advierte la perspectiva crucial de la escritura: “Sabé disimular.” Y un verso de Eduardo Lozano (“Mi corazón, copia de musgo”) sugiere los espacios de la escena: la intimidad, la escritura, la imagen. Así, hay que reconocer que la literatura es un “sacrificio de la verdad a la belleza”. La escena original (nombrar) se ha convertido en el escenario reflexivo donde ensayar la palabra religadora.

Eduardo Lozano fue un poeta argentino que colaboró en Sur y trabajó de bibliotecario en la Universidad de Pittsburgh, donde lo conocí. Había desaparecido de la literatura argentina, pero es notable que reaparezca en una página temprana de un libro póstumo de su amigo de juventud. Otro escritor argentino que fue amigo y protegido de Cortázar es Néstor Sánchez, narrador diferente, que frecuenté en Lima y Barcelona. Se hizo clochard en París, y cuando la policía lo detenía sólo mostraba un documento de identidad: la traducción al francés de su novela Nosotros dos , que Julio había celebrado. También ha desaparecido de la literatura argentina. Estaremos más solos si además desaparecen Enrique Molina y Héctor Libertella.

En esta papelería, la moral del artista joven va a definirse en tanto estado de “disponibilidad,” perspectiva que Cortázar desarrollará en una ética de la obediencia favorecida por el azar. Así, la escritura se define como “rigurosamente transmisible,” como un acto de comunicación plena. Esa conciencia formal impone la crítica de la prosodia, en virtud del “ritmo verbal” que desde la textura de su propia voz forja su prosa propia. Todo lo cual remite a una crítica del “realismo”, y a la reafirmación del espacio interior como la fuente de lo objetivo. Reveladoramente, la discusión lo lleva a plantearse un relato, que “nunca pude escribir bien”, porque requiere todavía imbricar “la literatura y lo objetivo” para liberar a la fábula. Ese relato será “Continuidad de los parques”, la semilla de la madurez creativa, buscada por este libro iniciático, gracias a un tal Fava que fabula la posible verdad de un escritor que, a sus cien años, sigue siendo parte del tiempo futuro. Porque con él recomienza, en cada lectura, la promesa de una fidelidad literaria mayor. No la ha apagado el gran desaparecedero argentino.

viernes, 18 de octubre de 2013

sábado, 13 de julio de 2013

Dominó de libros

 

miércoles, 26 de junio de 2013

Viaje

 

sábado, 19 de enero de 2013