viernes, 9 de febrero de 2018

miércoles, 7 de febrero de 2018

Liliana Bodoc (1958-2018): el último viaje de la escritora que imaginó dragones y mundos fantásticos

De: https://www.lanacion.com.ar/2107179-liliana-bodoc-1958-2018-el-ultimo-viaje-de-la-escritora-que-imagino-dragones-y-mundos-fantasticos

Con La saga de los confines y Tiempo de dragones inventó una épica sobrenatural que fue best seller y conquistó a lectores juveniles; decía que miraba el universo de Tolkien "desde el sur"

Con La saga de los confines y Tiempo de dragones inventó una épica sobrenatural que fue best seller y conquistó a lectores juveniles; decía que miraba el universo de Tolkien "desde el sur"

Por: Natalia Blanc

7 de febrero de 2018 

"Si sufro mal de altura, que se agite mi prosa, que le cueste andar. Si compro una empanada en la calle, que la sintaxis quede chorreando aceite sabroso. Y si encuentro, ojalá, a los muertitos, espero dejarles algo de mi vida como ofrenda". Destacadas en letras negras, las frases de Liliana Bodoc señalan el camino que la autora santafesina había decidido transitar en el ejercicio de la escritura: poner el cuerpo, la cabeza, el corazón, aun a riesgo de exponerse al dolor. Ayer, con la repentina noticia de su muerte, esas palabras que publicó en la bitácora virtual de su viaje al norte argentino para escribir la novela Elisa, la rosa inesperada (Norma) cobraron otro sentido.

Cuando muere una figura pública tan querida y respetada como Bodoc, y cuando esa muerte llega de golpe, sin previo aviso, y golpea fuerte, el shock es colectivo. Fue lo que pasó ayer apenas se difundió por las redes sociales que la autora de La saga de los confines había muerto de un ataque cardíaco, horas después de regresar de un viaje a La Habana. Escritores, editores, periodistas, ilustradores, artistas, funcionarios, lectores anónimos y conocidos compartieron el sentimiento de consternación sin grietas ni bandos. "No digo adiós. Ustedes se irán. Yo permaneceré, reinventando el recuerdo de lo que han sido. No digo adiós, aquí me quedo para contarlo todo", tuiteó el escritor Antonio Santa Ana, citando un párrafo de Los días del fuego, última parte de La saga de los confines. "Absolutamente consternada", escribió María Teresa Andruetto, resaltando el dolor con letras mayúsculas.

Vital y joven (era de 1958), Bodoc había regresado anteanoche de Cuba. Su última actividad pública fue en la Feria del Libro de La Habana, donde Mendoza, su provincia adoptiva, tuvo un stand. Integró la comitiva junto con Diego Gareca, secretario de Cultura mendocino, que fue quien comunicó la noticia por Twitter. Según contó Gareca al diario El Sol, de Mendoza, Bodoc participó de las actividades programadas, estuvo de muy buen humor y no tuvo inconvenientes de salud. Ironías del destino, la Secretaría de Cultura ya había decidido que la edición 2018 de la Feria del Libro de Mendoza rendiría homenaje a Bodoc.

La escritora mantuvo una relación cambiante con los viajes. De adolescente, anhelaba recorrer el mundo, pero ya más grande se paró en la vereda contraria y los consideraba un "exceso burgués": "Como comer duraznos en invierno". En los últimos años, había flexibilizado esa postura y viajaba por trabajo. Viajar para escribir una novela, como hizo con la última, fue algo nuevo en su vida y en su carrera.

"El encuentro con el paisaje del norte fue rotundo. Muy fuerte. Desde que escribí La saga de los confines, me preguntan si conozco el Machu Picchu, las ruinas de México. Y no. Esta vez dije: 'Voy a hacer algo distinto, voy a dejar que el viaje me vaya contando la historia'. Tilcara, en particular, fue muy intenso. No pude manejar lo que me generaba, las emociones, la tristeza. Me sentí muy sola. Y eso que suelo viajar sola y hasta me gusta. Me sentí muy desvalida. Lloraba sin causa. Me parece que hay algo de paisaje geográfico y humano que es muy fuerte. Hay algo de un pueblo que aparenta un sometimiento desde el lenguaje corporal, la voz baja. Y también hay una resistencia oculta. Me pareció casi un territorio en guerra, sinceramente. Los turistas, las fotos, el escándalo. Guerra de culturas", contó en una de las últimas entrevistas con LA NACION en la confitería Las Violetas, su "oficina" porteña.

En esa charla, un sábado de agosto de 2017, reveló que la experiencia en Tilcara la había conmovido tanto que abandonó el viaje y se planteó largar el libro. "No fue la altura, el apunamiento, como suele suceder. Me afectó algo íntimo y me quise ir". Alma sensible, finalmente comprendió que esa novela, en la que cambiaba el registro de lo épico y lo fantástico por una radiografía social descarnada en la que hablaba, también, de la violencia familiar y la trata de personas, "solo podría ser la versión escrita de un camino impensado, de un plan fallido".

La editora de Norma, Laura Leibiker, que siguió el proyecto y le sugirió la idea de la bitácora virtual, recordó: "Su sueño era viajar para escribir. Resultaba maravilloso encontrar todas las mañanas audios, poemas, fotos, videos, música de sus recorridos, de sus búsquedas". Tan consternada como sus colegas, Leibiker contó: "Tuve la enorme suerte de trabajar con ella en la editorial SM cuando editamos El espejo africano. Allí descubrí a una mujer talentosa, generosa, capaz de escuchar, de aportar ideas, de una gran humildad y calidez".

Licenciada en Literaturas Modernas por la Universidad Nacional de Cuyo, Bodoc fue docente de Literatura Española y Argentina en colegios de esa universidad. Editó su primer libro, Los días del venado, primera parte de una trilogía de épica fantástica que se convirtió en best seller, a los 40 años. Después de Los días de la sombra y Los días del fuego llegaron Memorias impuras, Presagio de carnaval, Sucedió en colores,Amigos por el viento y El mapa imposible, entre otros. En 2002 ganó el premio de la Feria del Libro de Buenos Aires. En 2004 y 2014 fue destacada por la Fundación Konex con el Diploma al Mérito y el Premio Konex de Platino. En mayo de 2016 recibió el título honoris causa de la Universidad Nacional de Cuyo. También integró la lista de premios de The White Ravens en 2002 y 2013.

Para viajar a Jujuy y escribir Elisa, la autora había dejado por un rato de trabajar en la tetralogía de los dragones, otra obra cumbre que la mantuvo en el ranking de los más vendidos en literatura juvenil. "Ya salieron La profecía imperfecta y El elegido en su soledad. La película que íbamos a hacer con Ciruelo se suspendió. Entonces yo, que estoy enamorada del tema, decidí olvidarme de ese proyecto y seguir escribiendo, que la saga siga. Estoy avanzando bastante con la tercera parte, para publicar en 2018, y queda una más", dijo en agosto pasado. Al otro día partía de Buenos Aires, ciudad que la alienaba, hacia el pueblito de San Luis donde estaba instalada. Tenía planes. Y muchas ganas de seguir creando mundos fantásticos, con heroínas fuertes y dragones.

  • Claudia Piñeiro, escritora: "Hermosa persona, generosa colega, gran escritora. Nunca alcanzará con decir 'quedan sus libros' porque era esa sonrisa de la foto, la calidez, el don de gentes y esa inteligencia que hacía interesante hablar con ella del tema que fuera"
  • Ciruelo Cabral, ilustrador: "Su inesperado fallecimiento es una pérdida irreemplazable para la cultura hispanoamericana. Soy un ferviente admirador de su obra y lamento haber perdido la oportunidad de colaborar con ella"
  • Pablo Bernasconi, escritor e ilustrador: "Triste, triste. Adiós Liliana, arquitecta de mundos, reina infinita de los colores. Viajera generosa, te encontramos en cada página tuya, ahora nuestra. Te vamos a extrañar, gente inmensa"

Tres títulos esenciales de su biblioteca

Los días del venado

  • Editorial: Suma de Letras
  • La primera parte de la trilogía La saga de los confines

La profecía imperfecta

  • Editorial: Plaza &Janes
  • Primer título de la saga inconclusa Tiempo de dragones

Elisa, la rosa inesperada

  • Editorial: Norma
  • Última novela juvenil, sobre una adolescente en Jujuy

jueves, 25 de enero de 2018

Murió la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin

http://www.lanacion.com.ar/2103272-murio-la-escritora-estadounidense-ursula-k-le-guin

23 de enero de 2018

La gran autora estadounidense de ciencia ficción y fantasía, poeta y ensayista Ursula K. Le Guin murió esta mañana en Portland a los 88 años. Hija de Alfred Kroeber, un antropólogo discípulo de Franz Boas, y la escritora y antropóloga Theodora Kroeber, nació en California en 1929. Escribió relatos desde la infancia, aunque pudo publicar el primero en una revista en 1962. Graduada de la Universidad de Harvard con un posgrado en lenguas romances, obtuvo luego una beca Fulbright para estudiar en Francia, donde conoció a su esposo, Charles Le Guin. Fue profesora de literatura francesa y medieval, y sus intereses cubrieron un arco que iba de la cultura medieval y el Renacimiento a la sociología y el feminismo.

Le fue dado el don de la creación de universos imaginarios desde el comienzo de su obra. La primera novela de la autora, El mundo de Rocannon, de 1966, combina la novela de viajes con la intriga planetaria y da inicio al ciclo de las novelas de Ekumen. De ese conjunto se destaca La mano izquierda de la oscuridad, de 1969, que ganó los premios Nebula y Hugo. La fantasía de una civilización hermafrodita le permitió explorar la posibilidad de un mundo en el que la sexualidad deja de ser una variable determinante de la sociedad. "Si una feminista es alguien que piensa que el género es en gran medida una construcción social, y que nada justifica el dominio social de un género sobre otro, entonces soy feminista", declaró. Su obra fue caracterizada como ficción antropológica.

Su vasta producción incluye la exitosa serie de Terramar. Esa serie se inicia con Un mago de Terramar (1968), donde Le Guin narra la historia de un joven aprendiz de mago que debe luchar en particular contra sus propios fantasmas y oscuridades. Es imposible no advertir la influencia de esa obra en las novelas protagonizadas por Harry Potter y el ciclo de Star Wars. Si se las compara, la calidad literaria de la escritora estadounidense brilla como un diamante en medio de escombros. Con la tercera entrega de la serie de Terramar, La costa más lejana, obtuvo el National Book Award en 1972.

Gracias al entusiasmo de lectores como Angélica Gorodischer, que fue su amiga; Carlos Gardini, que tradujo Países imaginarios, y Liliana Bodoc, la obra de Le Guin se difundió ampliamente en la Argentina. Ella tradujo al inglés una de las mejores novelas de Gorodischer, Kalpa imperial, y con la poeta Diana Bellessi publicó The Twins, The Dream/Las gemelas, el sueño, suerte de experimento poético donde una escritora traducía los poemas de la otra.

Una de sus novelas más recientes, Poderes, volvió a obtener en 2008 el premio Nebula a la mejor novela, que otorga la Asociación de Escritores de Ciencia Ficción y Fantasía de Estados Unidos. En 2014, Le Guin recibió una medalla por su contribución a literatura norteamericana. La aceptó en nombre de los escritores de fantasía y ciencia ficción que, según ella, habían sido "excluidos de la literatura durante mucho tiempo", mientras que los honores literarios habían ido mayormente a manos de los narradores realistas.

Su familia anunció la muerte de Le Guin esta tarde y notificó que la salud de la escritora no había sido buena en los últimos meses.

martes, 25 de julio de 2017

Carta a un joven escritor 23 Jul 2017 / ARTURO PÉREZ-REVERTE


Carta a un joven escritor

Pues sí, joven colega. Chico o chica. Pienso en ti mientras tecleo estas líneas. Recuerdo tus cartas escritas con amistad y respeto, el manuscrito inédito —quizá demasiado torpe o ingenuo, prematuro en todo caso— que me enviaste alguna vez. Recuerdo tu solicitud de consejo sobre cómo abordar la escritura. Cómo plantearte una novela seria. Tu justificada ambición de conseguir, algún día, que ese mundo complejo que tienes en la cabeza, hecho de libros leídos, de mirada inteligente, de imaginación y ensueños, se convierta en letra impresa y se multiplique en las vidas de otros, los lectores. Tus lectores.

Vaya por delante que no hay palabras mágicas. No hay truco que abra los escaparates de las librerías. Nada garantiza ver el fruto de tu esfuerzo, esa pasión donde te dejas la piel y la sangre, publicado algún día. Este mundo es así, y tales son las reglas. No hay otra receta que leer, escribir, corregir, tirar folios a la papelera y dedicarle horas, días, meses y años de trabajo duro —Oriana Fallacci me dijo en una ocasión que escribir mata más que las bombas—, sin que tampoco eso garantice nada. Escribir, publicar y que tus novelas sean leídas no depende sólo de eso. Cuenta el talento de cada cual. Y no todos lo tienen: no es lo mismo talento que vocación. Y el adiestramiento. Y la suerte. Hay magníficos escritores con mala suerte, y otros mediocres a quienes sonríe la fortuna. Los que publican en el momento adecuado, y los que no. También ésas son las reglas. Si no las asumes, no te metas.

"Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí."

Recuerda algo: las prisas destruyeron a muchos escritores brillantes. Una novela prematura, incluso un éxito prematuro, pueden aniquilarte para siempre. No te doy nombres, pero basta con que mires alrededor, tanta joven promesa de hace unos años convertida en triste presente. Lo que distingue a un novelista es una mirada propia hacia el mundo y algo que contar sobre ello, así que procura vivir antes. No sólo en los libros o en la barra de un bar, sino afuera, en la vida. Espera a que ésta te deje huellas y cicatrices. A conocer las pasiones que mueven a los seres humanos, los salvan o los pierden. Escribe cuando tengas algo que contar. Tu juventud, tus estudios, tus amores tempranos, los conflictos con tus padres, no importan a nadie. Todos pasamos por ello alguna vez. Sabemos de qué va. Practica con eso, pero déjalo ahí. Sólo harás algo notable si eres un genio precoz, mas no corras el riesgo. Seguramente no es tu caso. No fue el mío, desde luego, ni es el de casi nadie.

No seas ingenuo, pretencioso o imbécil: jamás escribas para otros escritores, ni sobre la imposibilidad de escribir una novela. Tampoco para los críticos de los suplementos literarios, ni para los amigos. Ni siquiera para un hipotético público futuro. Hazlo sólo si crees poder escribir el libro que a ti te gustaría leer y que nadie escribió nunca. Confía en tu talento, si lo tienes. Si dudas, empieza por reescribir los libros que amas; pero no imitando ni plagiando, sino a la luz de tu propia vida. Enriqueciéndolos con tu mirada original y única, si la tienes. En cualquier caso, no te enfades con quienes no aprecien tu trabajo; tal vez tus textos sean mediocres o poco originales. Ésas también son las reglas. Decía Robert Louis Stevenson que hay una plaga de escritores prescindibles, empeñados en publicar cosas que no interesan a nadie, y encima pretenden que la gente los lea y pague por ello.

"Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto."

Otra cosa. No pidas consejos. Unos te dirán exactamente lo que creen que deseas escuchar; y a otros, los sinceros, los apartarás de tu lado. Esta carrera de fondo se hace en solitario. Si a ciertas alturas no eres capaz de juzgar tú mismo, mal camino llevas. A ese punto sólo llegarás de una forma: leyendo mucho, intensamente. No cualquier cosa, sino todo lo que necesitas. Con lápiz para tomar notas, estudiando trucos narrativos —los hay nobles e innobles—, personajes, ambientes, descripciones, estructura, lenguaje. Ve a ello, aunque seas el más arrogante, con rigurosa humildad profesional. Interroga las novelas de los grandes maestros, los clásicos que lo hicieron como nunca podrás hacerlo tú, y saquea en ellos cuanto necesites, sin complejos ni remordimientos. Desde Homero hasta hoy, todos lo hicieron unos con otros. Y los buenos libros están ahí para eso, a disposición del audaz: son legítimo botín de guerra.

Decía Harold Acton que el verdadero escritor se distingue del aficionado en que aquél está siempre dispuesto a aceptar cuanto mejore su obra, sacrificando el ego a su oficio, mientras que el aficionado se considera perfecto. Y la palabra oficio no es casual. Aunque pueda haber arte en ello, escribir es sobre todo una dura artesanía. Territorio hostil, agotador, donde la musa, la inspiración, el momento de gloria o como quieras llamarlo, no sirve de nada cuando llega, si es que lo hace, y no te encuentra trabajando. Y recuerda un principio básico: un buen escritor, si tiene talento, tenga éxito o no lo tenga, es aquél que se muestra a sí mismo en su obra. Un mal escritor es el que muestra a todos aquellos escritores que le gustaría ser, y no puede.

"Echa un vistazo y comprobarás que los asuntos que iban a nutrir la literatura universal durante veintiocho siglos aparecen ya en la Ilíada y la Odisea y en la tragedia, la comedia y la poesía griegas."

Nadie puede ser escritor si no ha sido y sigue siendo lector. El día que dejes de serlo, incluso aunque te halles en la cima del éxito, estarás muerto o empezarás a morir como escritor, aunque tú mismo no lo sepas. Leer te mantiene afiladas las herramientas, lúcida la mirada, fértil la mente. Y a tu edad es más que una necesidad básica; es un requisito imprescindible. Durante toda su vida, hasta el final, un escritor necesita a sus maestros: autores y obras que ningún joven que pretenda escribir novelas, por supuesto, tiene excusa para ignorar.

Ten presente, si es tu caso, un par de cosas fundamentales. Una, que en la antigüedad clásica casi todo estaba escrito ya. Echa un vistazo y comprobarás que los asuntos que iban a nutrir la literatura universal durante veintiocho siglos aparecen ya en la Ilíada y la Odisea —relato, éste, de una modernidad asombrosa— y en la tragedia, la comedia y la poesía griegas. De ese modo, quizá te sorprenda averiguar que el primer relato policíaco, con un investigador —el astuto Ulises— buscando huellas en la arena, figura en el primer acto de la tragedia Ayax de Sófocles.

"Todo eso hay que leerlo, o conocerlo, al menos. En los clásicos griegos y latinos, en la Biblia y el Corán, comprenderás los fundamentos y los límites del mundo que te hizo."

Un detalle importante: escribes en español. Quienes lo hacen en otras lenguas son muy respetables, por supuesto; pero cada cual tendrá en la suya, supongo, quien le escriba cartas como ésta. Yo me refiero a ti y a nuestro común idioma castellano. Que tiene, por cierto, la ventaja de contar hoy, entre España y América, con 500 millones de lectores potenciales; gente que puede acceder a tus libros sin necesidad de traducción previa. Pero atención. Esa lengua castellana o española, y los conceptos que expresa, forman parte de un complejo entramado que, en términos generales y con la puesta al día pertinente, podríamos seguir llamando cultura occidental: un mundo que el mestizaje global de hoy no anula, sino que transforma y enriquece. Tú procedes de él, y la mayor parte de tus lectores primarios o inmediatos, también. Es el territorio común, y eso te exige manejar con soltura la parte profesional del oficio: las herramientas específicas, forjadas por el tiempo y el uso, para moverte en ese territorio.

Aunque algunos tontos y fatuos lo digan, nadie crea desde la orfandad cultural. Desde la nada. Algunas de esas herramientas son ideas, o cosas así. Para dominarlas debes poseer las bases de una cultura, la tuya, que nace de Grecia y Roma, la latinidad medieval y el contacto con el Islam, el Renacimiento, la Ilustración, los derechos del hombre y las grandes revoluciones. Todo eso hay que leerlo, o conocerlo, al menos. En los clásicos griegos y latinos, en la Biblia y el Corán, comprenderás los fundamentos y los límites del mundo que te hizo. Familiarízate con Homero, Virgilio, los autores teatrales, poetas e historiadores antiguos. También con La Divina Comedia de Dante, los Ensayos de Montaigne y el teatro completo de Shakespeare. Te sorprenderá la cantidad de asuntos literarios y recursos expresivos que inspiran sus textos. Lo útiles que pueden llegar a ser.

"Y no dejes que te engañen: Agatha Christie escribió una obra maestra, El asesinato de Rogelio Ackroyd, tan digna en su género como Crimen y castigo en el suyo."

La principal herramienta es el lenguaje. Olvida la funesta palabra estilo, burladero de vacíos charlatanes, y céntrate en que tu lenguaje sea limpio y eficaz. No hay mejor estilo que ése. Y, como herramienta que es, sácale filo en piedras de amolar adecuadas. Si te propones escribir en español, tu osadía sería desmesurada si no te ejercitaras en los clásicos fundamentales de los siglos XVI y XVII: Quevedo, el teatro de Lope y Calderón, la poesía, la novela picaresca, llenarán tus bolsillos de palabras adecuadas y recursos expresivos, enriquecerán tu vocabulario y te darán confianza, atrevimiento. Y una recomendación: cuando leas El Quijote no busques una simple narración. Estúdialo despacio, fijándote bien, comparándolo con lo que en ese momento se escribía en el mundo. Busca al autor detrás de cada frase, siente los codazos risueños y cómplices que te da, y comprenderás por qué un texto escrito a principios del siglo XVII sigue siendo tan moderno y universalmente admirado todavía.

Termina de filtrar ese lenguaje con la limpieza de Moratín, el arrebato de Espronceda, la melancólica sobriedad de Machado, el coraje de Miguel Hernández, la perfección de Pablo Neruda. Pero recuerda que una novela es, sobre todo, una historia que contar. Una trama y una estructura donde proyectar una mirada sobre uno mismo y sobre el mundo. Y eso no se improvisa. Para controlar este aspecto debes conocer a los grandes novelistas del siglo XIX y principios del XX, allí donde cuajó el arte. Lee a Stendhal, Balzac, Flaubert, Dostoievski, Tolstoi, Dickens, Dumas, Hugo, Conrad y Mann, por lo menos. Como escritor en español que eres, añade sin complejos La regenta de Clarín, las novelas de Galdós, Baroja y Valle Inclán. De ahí en adelante lee lo que quieras según gustos y afinidades, maneja diccionarios y patea librerías. Sitúate en tu tiempo y tu propia obra. Y no dejes que te engañen: Agatha Christie escribió una obra maestra, El asesinato de Rogelio Ackroyd, tan digna en su género como Crimen y castigo en el suyo.

Y sobre todo, recuerda cuál es la clave maestra de todo: un novelista sólo es bueno si cuenta bien una buena historia. Lo demás son cuentos chinos. Si no tienes nada que contar o si no sabes cómo hacerlo, dedícate a otra cosa. Te ahorrarás perder el tiempo y hacérnoslo perder a los lectores. Al fin y al cabo, escribir no es obligatorio. Nadie te fuerza a ello.

Suerte, amigo mío. Tanta como merezcas. Y te mando un abrazo.

sábado, 17 de junio de 2017

HIJA DE NADIE | ENTREVISTA A ADRIANA ROMANO


Luis Adrian Vives

junio 14, 2017

Literatura

Una historia de familia, el peso de algún secreto y el sueño que abre la puerta de los recuerdos.

Un sueño que nos habla de algún temor, de cierta debilidad, de una falta de seguridad o, tal vez, simplemente anuncia la muerte de alguien cercano.

Una mujer que vuelve del exilio a reencontrarse con la niña que fue, con el pasado familiar y con el suyo, enfrentando lo que queda del poder concentrado en ese padre que la odia, ahora y siempre. Ese hombre, que ha construido vínculos enfermos, que le arruinó la vida a su hermano menor, a su joven esposa y a esta hija forzada a abandonar el país en el debut de la dictadura, es un hombre que se ha dedicado a generar, sobre su entorno más íntimo, impotencia y miedo.

Ese padre, que la despreciaba, que siendo ella pequeña la trataba de “puta”; ese hombre que le tiraba su muñeca al agua podrida, que le decía mierdita, cagona ; que la angustiaba y la sometía mediante torturas psicológicas es, ahora, un viejo moribundo y asqueroso, un despojo humano que se empeña en seguir siendo una basura en la recta final del juego sucio que fue toda su vida.

Una criatura que a corta edad se encuentra prácticamente sola, con su madre muerta y aquel padre ausente; una niña internada pupila en un colegio de monjas; una adolescente que, al sentir cierta vergüenza de su propia historia, se encierra en el ostracismo.

Tiempo después, esta joven – ya estudiante universitaria- es sorprendida por la mala fe de su padre en una suerte de emboscada, cuyo escenario es la casa negada, la que ella tenía prohibido pisar.

En resumidas cuentas: la cena de la entrega, después la persecución; finalmente, la salida obligada.

Y un exilio más, el de Mariana.

Ella, instalada desde hace años en París, sacudida por aquel sueño que operó como un disparador, piensa que debería haber protestado y exigido. Reflexiona y se cuestiona, “…¿Por qué siempre aceptó las órdenes sin resistirse y aguantó los golpes? ¿Dónde estaba su derecho? ¿A quién quería agradar? ¿De qué sirvió el sometimiento si no ha conseguido siquiera agradarse a sí misma? Aún así presiente que en algún punto no consiguieron o no consiguió el padre someterla del todo y, aunque pagó duro el precio, hoy está donde está, lejos de casa, arrancada de cuajo y extranjera, porque no hizo caso, porque a medias y a los tumbos intentó la verdad. Por eso paga. La verdad, piensa Mariana. ¿Cuál verdad? ¿La verdad de leer a escondidas el libro prohibido y las cartas del tío Emilio durante años hasta sabérselas de memoria, como una manera de burlar al padre? ¿La verdad de los compañeros de estudio a la que adhirió, sospecha, más por oposición al padre que por convicción política? Verdades a medias, piensa Mariana. Porque la verdad, la única, es que esos lugares que eligió fueron sólo trincheras desde donde resistir. Pequeñas verdades que ocultaban otra más insufrible: La certeza del odio del padre hacia ella.”

El regreso de Mariana a La Milagrosa, la estancia de sus mayores, ocurre en medio de permanentes lluvias; la inundación parece inevitable. Ello coincide con el retorno del país a la democracia. Tal vez una metáfora que nos interpela, como el pasado, mientras el revés de la trama marca un paralelo entre el poder del estado en manos de los dictadores y el poder de un tirano socialmente ungido como jefe de familia.

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Si tomamos como punto de partida, de esta tragedia, el vínculo enfermo que sostuvo Ernesto con Emilio, veremos que el hermano mayor -el heredero– sólo ve en el menor la figura del usurpador.Ernesto a Emilio lo llamaba “el bastardo” -otra manera de deslegitimarlo en su calidad de hermano-, además, lo envidiaba, lo celaba y competía con él. Parecería ser que la raíz del mal se encuentra en una especie de inseguridad que afecta a Ernesto y lo condiciona.

La pregunta sería, entonces, si la inseguridad puede convertirnos en monstruos.

Podría ser una tesis. Los hombres se perciben indefensos frente a lo que no comprenden y la consecuencia de esa indefensión suele ser la inseguridad. Nos percibimos precarios e indefensos frente a la realidad, pero en el largo proceso de crecimiento interno cada hombre decide que hacer con eso. Habría que pensar entonces que si los monstruos son inseguros, su monstruosidad se origina en el temor a los otros. Ernesto es un hombre manejado por sus miedos, sin dudas, por eso es incapaz de gestionar vínculos, se apropia de los otros a los que percibe como objetos, no como otros. Desde ese lugar rompe la red familiar, porque necesita usarlos para sus fines. Si no lo hiciera así debería aprender a compartir. En realidad el monstruo inseguro puede ser dominante como Ernesto, o débil como Emilio. El cainismo es eso, construye víctimas y victimarios.

Las cartas. Las de Emilio, las de Francisco, las de Catalina, también las de Mariana.

Aquella costumbre de enviar cartas manuscritas quedó en el olvido. Hoy todo es más rápido, ¿pero es mejor?; ¿cómo nos estamos comunicando en la actualidad?

Hoy nos comunicamos con mayor velocidad. La inmediatez es más importante que la reflexión que propone la carta. No sé si es mejor. Es diferente. Nos estamos comunicando en red, estamos armando vínculos diferentes, más superficiales tal vez aunque más veloces. La carta es propia de un tiempo muy lineal y por lo tanto más lento.

¿Cómo se relaciona Mariana con la muerte, con la palabra y con la idea de “la muerte”?

Como puede. Se ha familiarizado con la pérdida desde la infancia. Después de la muerte de la madre y del tío Emilio queda frente a frente con el padre, y el paraíso protector cae. Aunque pasa tiempo en la ciudad, su vida está muy vinculada con el campo. La muerte en un contexto rural es siempre aceptada como parte de la vida. La tragedia de Mariana no se origina porque debe enfrentar la muerte sino porque su padre no la ama. Ese odio le impide la vida.

La novela trata temas tales como el machismo, la instigación al suicidio, la violencia familiar, la de género, la psicológica. Mariana, siendo niña, siente miedo, pánico frente a la figura paterna. Aquí, el hombre tiene en sus manos el bastón del dictador. Hablemos de ello, por favor, del lugar que ocupa el varón en este tipo de relaciones.

Ernesto y Raúl Acera resumen lo peor del hombre, son arquetípicos. Ejercen la dominación del territorio. Son predadores. Sin embargo frente a ellos, las figuras de Aurelio y Patricio muestran otra cara de la masculinidad.

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Esta historia, que en sí misma es un conflicto que podríamos mal llamar, de instancia privada, a su vez encaja en otro que sería, por así decirlo, de orden público. Las miserias familiares, por una parte, y las miserias políticas que dieron paso a la dictadura, y la sostuvieron. ¿Podríamos hablar de ello?

La familia es un fractal del tiempo social. En un contexto de violencia política, la familia de Mariana es el reflejo privado de un estado de consciencia pública.

La novela reconoce un revés de la trama que se deslizaría metafóricamente; me refiero a la inundación en la apertura democrática. De estar en lo cierto, me gustaría que nos hables de ello.

Sí, el agua arrasa, limpia y se lleva a buenos y a malos. De alguna manera la inundación anuncia un tránsito de depuración. Parecería querer decirnos que si la tierra se limpia y fertiliza después del agua, el mundo de los hombres también debe atravesar ese proceso. En el final de la novela, cuando baja el agua, queda claro que hacia adelante se abre un largo proceso de reconstrucción con otros códigos. La Milagrosa ha cambiado y empieza a ser otra, mejor, más coherente, otra gente la habita, todos la habitan. Parecería que el agua se ha llevado el pasado y hay un perfume a futuro en el presente, aunque todavía es muy precario. Todo está por hacerse y en ese punto habría que hablar de la responsabilidad que Mariana se anima a asumir.

¿Por qué Cinco Esquinas?

Porque así se llama ese rincón del barrio de Recoleta, en la intersección de las calles Libertad, Juncal y Avenida Quintana, en el que se levanta la casa donde vive Mariana con sus padres cuando no está en el campo, y porque esa zona suele ser el hábitat de la clase social de la que habla la novela.

De esta historia se desprende, aunque tangencialmente, otro tema, el de las convicciones políticas de una parte de la juventud -la militancia en los años ´70- y, también, en más de un pasaje aparecen con claridad acciones solidarias asumiendo riesgos. ¿Qué podés decirnos al respecto?

Los 70 fueron años violentos desde la izquierda y la derecha, En el contexto mundial de la guerra fría Latinoamérica fue su campo de experimentación. Muy marcada, además, por la Teología de la Liberación y la opción por los pobres de la Iglesia Católica en Puebla. En ese punto dentro de la misma Iglesia Católica se vivía esa fricción política. La juventud quedó en el medio de esas discusiones.

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La decadencia de aquellos amigos del poder que, una vez agotada la dictadura, quedaron desamparados, librados a su suerte. Me refiero a tipos como Raúl Acera. ¿Qué representa este personaje que, siendo “amigo” del malo de esta historia, se mete en ella haciendo lo que se le da la gana? Y ¿qué representa Samuel?; ¿Pasado y futuro?

Raúl Acera es un predador y como tal su ley es la ley. No hay posibilidad de fraternidad en ese personaje. No puede o no sabe otra cosa que dejarse arrastrar por su deseo y su odio. Es primario, lo rige la supervivencia por eso es brutal.

Samuel es el presente y en él está el pasado y el futuro, es su compendio. Somos la fusión de todas las distorsiones que hemos transitado y que hay que asumir y aceptar. El amor es eso, reconocernos y admitirnos tal cual somos, la luz y la sombra, la inocencia y la maldad en un mismo envase. En el está el desafío y la posibilidad de la reconstrucción.

¿Cómo encaraste y resolviste todo aquello que tiene que ver con el clima y la atmósfera en este caso?

Nací en una población rural de la pampa húmeda, por lo tanto mi contacto con la tierra, los animales y su gente, es cotidiano. Ése es mi contexto original. Yo misma soy gente de campo y quería escribir una novela rural, hablar de los dueños de la tierra y de los otros y de cómo ese contexto incidió hasta mediados del siglo XX en la escenografía política del país.

Decinos algo acerca del proceso de escritura; ¿cómo surge y toma cuerpo esta novela?

Un mediodía volví de mi primera clase de Tai Chi y apareció el comienzo de la historia. Fue asombrosa para mí esa experiencia. Volví a casa en un estado bastante especial. Recuerdo que después del almuerzo me acosté a dormir una siesta y soñé el sueño con el que se abre la novela. Era tan vívido que me senté a registrarlo. Unos días después abrí el documento y tuve el impulso de continuarlo porque supuse que ahí había un cuento (en ese tiempo yo escribía sólo cuento). Me detuve cuando había escrito 50 páginas. Para cuento ya era tarde. Se había despertado la novela.

Le pusiste música, eligiendo a Charly Parker. ¿Algo que agregar?

Sí. Que aunque elegí a Charly Parker para acompañar una escena, la del baile de Emilio y la madre de Mariana en la glorieta, personalmente a la hora de escribir lo hice escuchando las Gymnopédies de Erik Satie.