sábado, 24 de diciembre de 2016

Un deseo - Víctor Hugo

Te deseo primero que ames,
y que amando, también seas amado.
Y que, de no ser así, seas breve en olvidar
y que después de olvidar, no guardes rencores.
Deseo, pues, que no sea así, pero que sí es,
sepas ser sin desesperar.

Te deseo también que tengas amigos,
y que, incluso malos e inconsecuentes
sean valientes y fieles, y que por lo menos
haya uno en quien confiar sin dudar.

Y porque la vida es así,
te deseo también que tengas enemigos.
Ni muchos ni pocos, en la medida exacta,
para que, algunas veces, te cuestiones
tus propias certezas. Y que entre ellos,
haya por lo menos uno que sea justo,
para que no te sientas demasiado seguro

Te deseo además que seas útil,
más no insustituible.
Y que en los momentos malos,
cuando no quede más nada,
esa utilidad sea suficiente
para mantenerte en pie.

Igualmente, te deseo que seas tolerante,
no con los que se equivocan poco,
porque eso es fácil, sino con los que
se equivocan mucho e irremediablemente,
y que haciendo buen uso de esa tolerancia,
sirvas de ejemplo a otros.

Te deseo que siendo joven no
madures demasiado de prisa,
y que ya maduro, no insistas en rejuvenecer,
y que siendo viejo no te dediques al desespero.
Porque cada edad tiene su placer
y su dolor y es necesario dejar
que fluyan entre nosotros.

Te deseo de paso que seas triste.
No todo el año, sino apenas un día.
Pero que en ese día descubras
que la risa diaria es buena, que la risa
habitual es sosa y la risa constante es malsana.

Te deseo que descubras,
con urgencia máxima, por encima
y a pesar de todo, que existen,
y que te rodean, seres oprimidos,
tratados con injusticia y personas infelices.

Te deseo que acaricies un gato,
alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero
erguir triunfante su canto matinal,
porque de esta manera,
te sentirás bien por nada.

Deseo también que plantes una semilla,
por más minúscula que sea, y la
acompañes en su crecimiento,
para que descubras de cuántas vidas
está hecho un árbol.

Te deseo, además, que tengas dinero,
porque es necesario ser práctico,
Y que por lo menos una vez
por año pongas algo de ese
sólo para que quede claro
quién es el dueño de quién.

Te deseo también que ninguno
de tus defectos muera, pero que si
muere alguno, puedas llorar
sin lamentarte y sufrir sin sentirte culpable.

Te deseo por fin que, siendo hombre,
tengas una buena mujer, y que siendo
mujer, tengas un buen hombre,
mañana y al día siguiente, y que cuando
estén exhaustos y sonrientes,
hablen sobre amor para recomenzar.

Si todas estas cosas llegaran a pasar,
no tengo más nada que desearte.

domingo, 18 de septiembre de 2016

¿Existe la ciencia ficción argentina? - Daniela Pasik

De: http://www.infobae.com/grandes-libros/2016/09/16/existe-la-ciencia-ficcion-argentina/

Cómo es la actualidad del género Ciencia ficción en Argentina.

Angélica Gorodischer es la gran figura del género en Argentina

Angélica Gorodischer es la gran figura del género en Argentina

Hay un mito que reza que la producción literaria argentina nunca se centró en la ciencia ficción. Esa máxima sería aplicable, tal vez, si se entiende al género como cuentos y/o novelas sobre planetas extraños, viajes interestelares y no mucho más que ese cliché (hermoso, de todas formas). Hace rato que esa discusión quedó saldada y el mundo sabe que la ciencia ficción va más allá, y explora muchos otros escenarios además de los espaciales.

"La ciencia ficción argentina no existe". La declaración, algo imprudente o tal vez provocadora, pertenece a Elvio Gandolfo. La escribió en el prólogo de una antología del género en 1978, y todavía no se desdijo. Cualquier intento de ensayo sobre el género en el país incluye, en algún momento, esa cita y, más amable o enojadamente, la discute o avala.

Angélica Gorodischer es la reina actual local del género hace ya un par de décadas, con Marcelo Cohen como representante de la generación posterior, mientras que Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares fueron los primeros clásicos. Sin embargo hay una suerte de prurito en encasillarlos ahí porque tienen prestigio y la ciencia ficción, de algún modo (absurdo), no. Fantástico, dicen muchos, para algo que no es más que parte de nuestra tradición local en un género que en el mundo representaron y casi inventaron Isaac Asimov (científico y preciso, Sci Fi dura) y Ray Bradbury (poético y fantaseoso, Sci Fi blanda).

En “Un futuro radiante”, Plotkin imagina que Agronomía es el centro de una nueva fundación de Buenos Aires

En “Un futuro radiante”, Plotkin imagina que Agronomía es el centro de una nueva fundación de Buenos Aires

En la Argentina, Carlos Gardini es un escritor que ocupa lo más pancho el casillero a fuerza de potencia de trabajo desde los 80. Además, muchos autores reconocidos incursionan esporádicamente en un estilo que, en resumen, es ciencia ficción: varias obras de Ana María Shua y otras tantas de Alberto Laiseca concretan con el género. A Julio Cortázar no se lo termina de asociar con la ciencia ficción, aunque tiene una gran cantidad de producción que podría leerse dese ahí.  El fondo del cielo (2009), de Rodrigo Fresán; El oficinista (2010), de Guillermo Saccomanno y El año del desierto (2005), de Pedro Mairal son algunos ejemplos concretos y bastante recientes.

Tampoco hay que sacar de contexto a Gandolfo para ganar la contienda. Que no hay un conjunto de "autores buenos, malos y mediocres que conformen un género con características propias", dijo. Eso es un poco más certero que la primera frase suelta, aunque discutible (eso sucederá en el siguiente párrafo, calma). Que no hay una tradición, explicó. Y ahí, con todo el respeto del mundo, ya es más complicado encontrar punto de acuerdo.

El cómic local (que además tiene influencia mundial) con Alberto Breccia, Horacio Altuna y Héctor Oesterheld a la cabeza (sólo por hacer un resumen de los cientos de genios del género), desde la antigua Caras y Caretas hasta la Fierro, pasando por una larga gesta de fándom, todo eso alcanza y sobra para refutar al escritor, ensayista  y crítico literario. Además, hay mucho en el pasado que se fue perdiendo, y olvidando. Lo que faltó acá, tal vez, fue un buen compilador. Pero dentro de la batería de clásicos del inicio, es obligación incluir a Eduardo Holmberg, Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga y Macedonio Fernández, por ejemplo.

“El Eternauta” de Oesterheld sigue generando influencias a nivel mundial.

“El Eternauta” de Oesterheld sigue generando influencias a nivel mundial.

Lejos del costumbrismo espacial y con bases en las raíces del género, cada tanto una novela argentina planta bandera en la ciencia ficción con una idea contundente, sólida, rotunda. De un tiempo a esta parte hay una producción novedosa que, tímidamente, podría ser la prueba tangible de que sí, existe un grupo de  "autores buenos, malos y mediocres" que conforman "un género con características propias". De a poco, lentamente, pero sucede. El estilo se emparenta más con el Sci Fi británico (el de Brian Aldiss, el de Ballard). La característica local es la distopía con cierta subtrama apocalíptica y/o tecnológica en escenarios reconocibles reconvertidos, resignificados con realismo fantástico.

Juan Diego Incardona y su saga de cuentos y novelas matanceros es un ejemplo que ya lleva varios años, con el reciente Las estrellas Federalescomo cereza del postre. Otros dos ejemplos rotundos para probar la hipótesis (uno por muy actual y otro por muy genial): Un futuro radiante(2016), de Pablo Plotkin, que imagina un futuro cercano en dónde la Agronomía es el centro de una nueva fundación de Buenos Aires, y Los cuerpos del verano (2012), de Martín Felipe Castagnet, que propone un mundo en el que los muertos tienen la opción de que su alma quede viviendo en internet para luego ser "quemados", o no, en otro cuerpo. El cuarto argumento es Las constelaciones oscuras (2015), de Pola Oloixarac, con antiguos exploradores decimonónicos y nerds devenidos hackers.

Y hasta acá ya podría un juez golpear el martillo y gritarle "ha lugar" a la objeción al postulado de Elvio Gandolfo. Así que podemos decir, entonces y con el juicio cerrado como conclusión para un jurado lector, que la ciencia ficción argentina sí existe. Y está viva.

jueves, 21 de julio de 2016

Nueve cuentos–J. D. Salinger

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El cazador oculto–J.D. Salinger

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Franny y Zooey - J.D. Salinger

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Ante la ley - Franz Kafka

Ante la ley hay un guardián. Un campesino se presenta frente a este guardián, y solicita que le permita entrar en la Ley. Pero el guardián contesta que por ahora no puede dejarlo entrar. El hombre reflexiona y pregunta si más tarde lo dejarán entrar.

-Tal vez -dice el centinela- pero no por ahora.

La puerta que da a la Ley está abierta, como de costumbre; cuando el guardián se hace a un lado, el hombre se inclina para espiar. El guardián lo ve, se sonríe y le dice:

-Si tu deseo es tan grande haz la prueba de entrar a pesar de mi prohibición. Pero recuerda que soy poderoso. Y sólo soy el último de los guardianes. Entre salón y salón también hay guardianes, cada uno más poderoso que el otro. Ya el tercer guardián es tan terrible que no puedo mirarlo siquiera.

El campesino no había previsto estas dificultades; la Ley debería ser siempre accesible para todos, piensa, pero al fijarse en el guardián, con su abrigo de pieles, su nariz grande y aguileña, su barba negra de tártaro, rala y negra, decide que le conviene más esperar. El guardián le da un escabel y le permite sentarse a un costado de la puerta.

Allí espera días y años. Intenta infinitas veces entrar y fatiga al guardián con sus súplicas. Con frecuencia el guardián conversa brevemente con él, le hace preguntas sobre su país y sobre muchas otras cosas; pero son preguntas indiferentes, como las de los grandes señores, y, finalmente siempre le repite que no puede dejarlo entrar. El hombre, que se ha provisto de muchas cosas para el viaje, sacrifica todo, por valioso que sea, para sobornar al guardián. Este acepta todo, en efecto, pero le dice:

-Lo acepto para que no creas que has omitido ningún esfuerzo.

Durante esos largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la Ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años audazmente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo murmura para sí. Retorna a la infancia, y como en su cuidadosa y larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, también suplica a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián. Finalmente, su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz, o si sólo lo engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que surge inextinguible de la puerta de la Ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado. Hace señas al guardián para que se acerque, ya que el rigor de la muerte comienza a endurecer su cuerpo. El guardián se ve obligado a agacharse mucho para hablar con él, porque la disparidad de estaturas entre ambos ha aumentado bastante con el tiempo, para desmedro del campesino.

-¿Qué quieres saber ahora? -pregunta el guardián-. Eres insaciable.

-Todos se esfuerzan por llegar a la Ley -dice el hombre-; ¿cómo es posible entonces que durante tantos años nadie más que yo pretendiera entrar?

El guardián comprende que el hombre está por morir, y para que sus desfallecientes sentidos perciban sus palabras, le dice junto al oído con voz atronadora:

-Nadie podía pretenderlo porque esta entrada era solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.